Acudimos todos los miembros de la Tertulia salvo María Jesús, que se hallaba en Mora de Toledo, y Teresa, que estaba en capilla de una operación de cataratas. Antes de proceder a hablar de la novela elegida y mientras aguardábamos a algunas integrantes que por culpa mía creyeron que la cita era a las 19:00, felicitamos a Cecilia por la boda de su hija Marina. Ella nos contó lo bonito que fue todo y cómo los contrayentes habían dispuesto que fuese la ceremonia. Contó más detalles del evento y en respuesta a nuestra sincera felicitación al final del encuentro no nos permitió pagar las consumiciones. Muchas gracias, Cecilia.
Y comenzamos a hablar de El sentido de un final de Julian Barnes. Justificó Mary Luz su elección fundamentalmente por haber sido reconocido el autor con el Premio Princesa de Asturias. Luego pasó ya a decir que la novela le había agradado bastante y que la había leído dos veces. Luego ya todos nos pusimos a hablar de la peripecia que en la obra se presentaba. Y no sólo de la propia anécdota relatada sino también de la forma dada que en el sentir de algunas era lo mejor.
Nos detuvimos bastante en las diversas personalidades de los personajes. Fue muy interesante la distinta percepción que cada uno de nosotros tenía sobre los mismos. Pero sobre todo lo que más debate suscitó fue precisamente la respuesta que el propio título del libro demandaba a sus lectores: ¿Cuál era precisamente el sentido que tenía el final de Adrián, a qué se debía que este personaje tan inteligente se suicidara? El intercambio de opiniones fue muy, pero que muy interesante. Pero no lo voy a reproducir aquí en su totalidad. Sólo hablaré de la aportación que hizo Guida al mismo cuando presentó la posibilidad de que el padre del hermano de Verónica no fuese Adrián sino el mismísimo narrador, Tony Webster. ¡Madre mía la que se lio ante para muchos tal insospechada posibilidad! Me encantó ese momento porque hizo que todos opinásemos sobre si sí o si no; e incluso hasta se abrió el asunto a la posibilidad de que el muchachito que pasaba por hermano de Veronica en realidad fuese hijo suyo por haber sufrido abusos paternos. En fin, vamos, que hubo para todos los gustos.
Acerca del contenido hablamos de muchas cosas, pero lo que destacó sobre todas ellas fue el asunto Tiempo. Y junto al Tiempo, lógicamente, la Memoria, la Historia. Y consecuentemente la dificultad de acercarse a la Verdad a través de la Memoria, de la Historia, en definitiva del Tiempo. Muy interesante este aspecto. Fue difícil ahondar en esta cuestión porque ya el barullo de la gente estaba conquistando el local. Era difícl escucharnos entre nosotros mismos por este motivo.
Luego ya llegó el turno a la forma, a los recursos utilizados por el autor. Cecilia hizo mucho hincapié en ellos y al no poder aludir a todos ellos nos remitió a la reseña que en su blog iba a publicar próximamente. Mientras estoy escribiendo estas líneas compruebo que ese anuncio es ya realidad y que podemos leer íntegro su comentario sobre El sentido de un final.
Al hilo de los recursos utilizados por Julian Barnes, yo hice alusión a ciertas frases que utiliza de manera repetitiva en varias ocasiones. Una de ellas es "como dice el poeta". ¿Qué poeta es este que le sirve de argumento de autoridad en esos momentos? En la reseña que sobre esta novela tengo hecha en mi blog aludo y aclaro este extremo que me parece de interés. No es la única frase repetida por el autor, hay muchas otras como esas interpelaciones directas al lector que Cecilia destaca en la reseña de su blog. Es evidente que la reiteración es un artificio más empleado por Barnes.
Cerramos la tertulia refiriéndonos a la tendencia literaria del autor, el posmodernismo, que incide en la hibridación de géneros, el humor, la ironía, la intertextualidad... Y un poco al hilo de esto comentamos el hermoso discurso que el escritor inglés hizo en la recepción del Premio Princesa de Asturias. Para mí una belleza muy del estilo de su literatura. Merece mucho la pena escucharlo.
Próxima tertulia
La lectura que para el próximo mes de noviembre finalmente se eligió fue la novela La paciente silenciosa de Alex Michaelides, novela que Marga tenía muy al alcance y que, además, está disponible en varias bibliotecas. Tras elegir este título propusimos volver a las viejas costumbres y retornar como lugar de encuentro a La Zamorana, el establecimiento de la calle Galileo al que ya hemos acudido otras veces. El día en que quedamos fue el jueves 26 de noviembre; y la hora elegida, las 18:30.
Hasta entonces, amigas, buenas lecturas y a abrigarse que lo mismo un día de estos llega el frío. O no.

