martes, 19 de junio de 2018

Última tertulia del curso 17-18 con Cena de despedida

No hay comentarios:
Quizás haya sido, que yo recuerde, la reunión más numerosa en tiempos. Sólo faltó Maru por unas ineludibles obras en su pueblo (¡ánimo, Maru, no desesperes, que ya están más cerca de su final!).  La cita era en "Metro Bistro" de la calle Imperial, cerquita de la Plaza Mayor y de la Puerta del Sol; la hora, la de las ocho de la tarde por eso de dedicar un tiempo al espíritu comentando el libro que llevábamos antes de darle al cuerpo lo que el calor y el momento del día demandaban: saciar la sed y el hambre.

La tertulia sobre "El mundo deslumbrante" de Siri Hustvedt
Todo discurrió como la seda. Las intervenciones en esta ocasión hubieron de ser más concisas a fin de dar oportunidad de decir algo sobre la obra leída a todos los asistentes antes de que la elección de platos y bebidas del menú vinieran a cambiarnos el chip.

Como ya es norma entre nosotros la salida la dio la proponente de la lectura que en esta ocasión había sido Mamen. Dijo que ella se la había leído ya dos veces pues su propuesta primera fue hacía ya algún tiempo. Le había parecido una novela muy interesante por el asunto de discriminación de la mujer que denunciaba, porque era sobre todo un magnífico estudio psicológico sobre el asunto de la identidad y porque estaba muy bien escrita; además, dijo que la imagen que ofrecía de Nueva York le parecía cautivadora y le había hecho revivir sus estancias y conocimiento de esa ciudad.

Por turno de proximidad a Mamen, habló a continuación Guida quien señaló que en la novela había más de lo aparente, que en ella existían dos o tres niveles y que no cabía pensar que sólo fuera una reivindicación de la desigualdad entre hombre y mujer en el mundo del Arte. Estimaba Guida que los conocimientos filosóficos, psicológicos, artísticos... que demuestra la escritora en este libro eran impresionantes y de profundizar en ellos (algo que por su enormidad y falta de tiempo ninguno de los asistentes habíamos hecho) se entraría en otra dimensión lectora, sería como 'jugar en otra liga'.

Ana, Margarita de Tena y Mary Luz expusieron a continuación su pensamiento sobre esta novela. Ana dijo que la había leído hacía ya tiempo y que sin desagradarle lo más mínimo no era la obra de la escritora norteamericana que más le había gustado. Margarita dijo que sí le había agradado pero que había en ella tal cúmulo de información, citas y demás que en ciertos momentos le había resultado abrumadora. Mary Luz declaró que sin haberla acabado aún le parecía una novela que no engancha y que ella en muchos momentos no había conectado con la misma; sin embargo tras haber escuchado a las anteriores participantes que el final era soberbio y que hacía ganar muchos enteros al relato, se proponía culminar la lectura.

Cecilia habló del contento que la lectura de esta obra le había supuesto y, con cierto pícaro guiño de ojos, dijo que Cervantes y "El Quijote" se vislumbraban claramente en ella. Y lo fundamentó en el juego de máscaras, los heterónimos, los textos encontrados, la extensa confesión realizada por un segundo y falso narrador, etc., etc. Además añadió el enciclopedismo contenido en la novela con citaciones a pie de página que provocaban que la lectura fuese híbrida igual que la propia obra de creación que es al tiempo novela, ensayo, tesis doctoral... En cuanto a la protagonista, Harriet Burden, manifestó Cecilia un cierto disgusto con ella pues consideró que no luchó lo suficiente para salir del yugo machista bajo el que decía estar, que no tomó decisiones valientes, que no fue Ulises nunca sino siempre Penélope.

Inma dijo que le había gustado la obra sobre todo por los personajes que le parecieron todos ellos, excepto Clammy que creía que no encajaba debidamente en la narración, bien diseñados. Quizás, por poner un pero al relato, dijo que el hincapié que la Hustvedt hace en el psicoanálisis le pareció algo fuera de lugar por pasado. Aquí el resto de tertulianos intervinimos para apoyar o contradecir esta opinión con argumentos varios.

Fue simpática la intervención de Juan Dionisio que comentó que si durante la lectura de -creo recordar- "Cabaret Biarritz", la novela de José C. Vales, incurrió en la confusión de creer real lo que no lo era, en ésta eso no le iba a pasar y que desde luego ese investigador, I. V. Hees, lo había visto citado en internet con lo que sus dudas sobre si real o no habían desaparecido. Qué sorpresa cuando entre todos aclaramos que el tal Hees no es más que un ser ficticio y que las apariciones en Internet siempre son de la mano de Siri Hustvedt, su creadora. Por lo demás JD expresó que la obra le había resultado algo pesada.

A Carmen que dijo no haber acabado la novela el asunto tratado no le pareció para nada novedoso y la profusión de datos y citas le resultó algo pesado y abrumador. A este respecto María Jesús apoyó a Carmen en la poca novedad de la anécdota; y por su parte quiso resaltar lo bien escrito que está el momento de la enfermedad y desenlace de la personaje protagonista. Sin embargo María Jesús fue dura con la autora a la que acusó de cierto esnobismo por la exhibición de datos, citas, teorías filosóficas, psicológicas y tal que en la obra realiza. En cuanto a lo apuntado por Cecilia sobre el cervantismo contenido en el relato, María Jesús dijo que 'Cervantes, sí; pero en malo'.

Ya tocaba la ronda a su fin con los últimos dos intervinientes en ella: Mercedes y quien firma esta crónica. Mercedes manifestó su contento y disfrute con la novela en especial con esa técnica narrativa que le permite a la autora con acierto y maestría cambiar en una misma página de persona narrativa usando la 1ª, 2ª y 3ª según quién habla, cuándo habla y por qué. El perspectivismo es constante en la novela. Respecto a lo dicho por Inma sobre los personajes dijo que la hippie Clammy le había encantado por lo bien que la autora lograba introducirla en la anécdota en especial durante el desenlace de la enfermedad de Harriet. Y en cuanto a lo sostenido por Cecilia sobre que Harriet es siempre Penélope y no Ulises, su discrepancia era absoluta pues la novela es demostración de que en la medida de sus fuerzas esta mujer se levantó contra su condición como un auténtico coloso, quiero decir, Ulises.

Me tocaba cerrar a mí el círculo y poco podía añadir ya en jornada tan festiva. Sólo alcancé a resaltar el hibridismo de la narración y la importancia de las citaciones que realiza. Señalé que estas citas a pie de página no cabe dejarlas sin leer dado que las mismas forman parte de la propia novela y no siempre se refieren a obras existentes realmente sino que muchas veces continúan -¡y explican!- lo ficcionalizado en el texto principal. Me uní a la opinión de Guida sobre los diversos niveles de lectura contenidos en la obra; y ante la pregunta de Mercedes de a qué niveles me estaba refiriendo, contesté que todo dependía del nivel de intelección del lector, así habría uno básico: el de la anécdota principal, y otros secundarios no menos importantes de los que cada lector entendería o no según sus intereses como el referido a la filosofía de la percepción, el psicoanálisis, el elitismo de los círculos artísticos y/o la falsedad, engaño e impostura que en ocasiones existe en estos mismos círculos. Pero como siempre hago mi opinión más reposadamente la dejo expresada en la reseña que tengo publicada en mi blog [se puede leer aquí].

La próxima lectura
Tras la tertulia, algo presurosa en esta ocasión, realizamos la elección del vino (un verdejo blanco magnífico el elegido de nombre "El perro verde") y de platos a compartir (dos por cada cuatro comensales) e individuales. Todos los elegidos resultaron excelentes de sabor y presentación, pero no quisiera pararme en ellos al no tener plena constancia de los que fueron; sólo diré que en líneas generales tanto de ellos como de los postres saboreados, también compartidos, sólo se oyeron más que alabanzas.

Mientras aguardábamos que los camareros atendiesen nuestra comanda y nos sirviesen los platos realizamos la elección de la obra que leeríamos para la próxima cita, ésta ya setembrina. Muchos títulos se pusieron sobre la mesa y a riesgo de olvidar o confundir alguno intentaré citar todos a continuación:
  • "Las tres bodas de Manolita" de Almudena Grandes
  • "La primera mano que sostuvo la mía" y "Instrucciones para una ola de calor" de Maggie O'Farrell
  • "La liebre con los ojos de ámbar" de Edmund de Waal
  • "Lejos de Ghana" de Taiye Slasie
  • "TRILOGÍA DEL MUCHACHO" formada por los títulos siguientes: "Entre cielo y tierra", "La tristeza de los ángeles" y "El corazón del hombre" del islandés Jón Kalman Stefánsson
Realizada una votación sobre los títulos aportados por todos resultó elegida como lectura veraniega "Las tres bodas de Manolita" de Almudena Grandes

Quedamos en vernos el próximo 24 de septiembre en el acostumbrado kiosko "Montserrat" de Madrid Río.

Hasta ese día os deseo a todos un más que muy buen verano. ¡Cuidado con el sol que este año viene fuerte!

sábado, 19 de mayo de 2018

De tertulia con Pedro Mairal y "La uruguaya"

No hay comentarios:
Por fin parece que la primavera se ha dejado ver. Al menos el otro jueves en el Paseo de Rosales el sol lucía, entreverado, eso sí, de nubarrones de tormenta, que afortunadamente no vertieron gota alguna sobre la terraza de 'La Perla' donde a las siete de la tarde nos habíamos citado los integrantes de "más que palabras...".

Como clavos a la hora fijada ocho tertulianos saboreábamos cervezas y refrescos al tiempo que iniciábamos el intercambio de impresiones sobre el libro que el grupo de lectura habíamos decidido leer y comentar durante este mes de mayo: la novelita del argentino Pedro Mairal, "La uruguaya".

Rompió el fuego Margarita Tena al haber sido ella quien hizo la propuesta lectora. Dijo que lo había leído hacía ya tiempo y que al oír en la anterior reunión que Juan Carlos lo citó como posible novela para leer, se animó y ni corta ni perezosa lo propuso. Siguió diciendo que aunque era obra de no muchas pretensiones la novelita le había gustado porque reflejaba bien esa crisis que a los hombres les suele acometer cuando cursan la década de los cuarenta y ven que la juventud se aleja y las responsabilidades paternas crecen, pues un mocoso al que sí, claro, se le quiere mucho, centra la vida de la pareja que lo ha engendrado. Cuando tal cosa sucede la mente de Lucas Pereyra, nuestro hombre en Buenos Aires, comienza a rememorar, fantasear e imaginar una serie de no sé cuantas aventuras que tuvo o no, realmente, y otras que sí anhela tener. Entre estas últimas está la que constituye el núcleo de la trama  de este relato, la imaginada y constantemente frustrada canita al aire con esta uruguaya joven y guapa que le tiene absorbido el seso desde que la conoció hará cosa de un año. El humor, dijo Marga, es importante y la novela le hizo reír en no pocas ocasiones.

Tras la exposición de Marga, el resto de contertulios nos lanzamos a comentar la novela de una manera más interactiva que en otras ocasiones. El intercambio de opiniones y de participación en la conversación fue fluido y natural si bien en algún momento algún tertuliano no supo esperar a que otro acabara lo que estaba diciendo e intervino cortando la intervención de éste. Quizás se echó en falta la figura del moderador que como ya señalé en otra crónica anterior debería de recaer en quien abre la tertulia de manera que sea él/ella quien dirija el debate. Siempre buscando mejoras, como podéis comprobar.

Pero dejemos estas cuestiones y pasemos a dar cuenta de las ideas que nos suscitó Pedro Mairal. Inma dijo que el libro le había gustado pues era una novelita muy entretenida y con toques de humor innegables. Al hablar del humor muchos entramos a comentar diversos momentos hilarantes del relato. Uno de esos momentos graciosos -señaló Marga- es ese giro final que rompe la cintura del lector cuando Lucas descubre que Cata, su mujer, le ha sido infiel ¡con otra mujer! A raíz de esto -añadió Guida- el personaje masculino se viene a replantear todo el funcionamiento de la institución familiar. Ana, por su parte, comentó que la novela no le había resultado muy de su gusto pues estimaba que había otras escritas también por autores del cono sur americano mucho mejores y como con más chicha. Concluyó diciendo que era eso, una novelita sin pretensiones.

Antes de proseguir con la crónica voy a hacer un inciso para introducir las interesantísimas aportaciones que tanto Ana como Guida nos hicieron llegar antes de iniciar la tertulia propiamente dicha, mientras aguardábamos la llegada de los asistentes a la misma. A preguntas de Mary Luz sobre qué les había parecido a ambas la mesa redonda sobre literatura testimonial a la que habían asistido el pasado jueves 10 de mayo en la Biblioteca Nacional nos respondieron con todo lujo de detalles dándonos una serie de autores que uno de los participantes en esa mesa, Marcos Giralt Torrente, había dado como influencias directas sobre él. No tomé nota de estos nombres y quedó Guida en que nos los haría llegar. Por contra sí que tomé los de algunos escritores latinoamericanos a los que se refirieron y que surgieron un poco al hilo de esa afirmación de Ana de que en Sudamérica hay autores mucho mejores que Pedro Mairal.  Ambas compañeras citaron, entre otros muchos, a Lina Meruane con "Sangre en el ojo", Daniel Sada con "Porque parece mentira la verdad nunca se sabe", Emiliano Monge con "Las tierras arrasadas" y Guillermo Saccomanno con "Cámara Gesell". La mayoría de estas novelas -nos dijeron- son relatos duros que hacen pocas concesiones al lector, pero son obras por demás interesantes.También Ana citó una narración escrita por un autor no sudamericano, Edouard Louis titulada "Para acabar con Eddy Bellegueule" de la que resaltó su tremenda dureza.

Tras este breve parón en la narración prosigo. Yo mismo, -[quien lo desee puede leer en mi blog mi reseña sobre "La uruguaya"]-,  que ya había metido baza cuando se habló del humor, expresé primero mi contento por la lectura de esta novela dado el respiro que, como también había dicho Inma, nos había dado ante lecturas de meses anteriores que nos habían dejado sin aliento; además, dije, es como la anterior que leímos de Manuel Vilas: una obra escrita por un hombre y no por una mujer como últimamente viene siendo la tónica. Tras esto señalé dos elementos que me habían parecido interesantes en "La uruguaya": el primero, la fuerte presencia de literatura que hay en el relato (Borges, Rimbaud, Cortázar...); el segundo, el estilo fluido y natural con que discurre la narración alternando dos tiempos, el real de esas 17 horas en que todo acontece, y el evocado y recordado durante su transcurso. El tránsito de uno a otro lo realiza de modo magistral. Aquí Guida señaló cómo cambia de persona narrativa según esté en uno u otro tiempo.

Mercedes fue sin duda alguna la que más se había fijado en los aspectos técnicos. Antes de nada quiso decir que al principio la obra le parecía como un pan sin sal; menos mal, añadió, que empecé a ver alusiones literarias y que el día en Montevideo del propio Lucas no deja de ser una especie de salida quijotesca (aquí todos recordamos a nuestra querida amiga Cecilia, cervantista donde las haya). Al citar a don Quijote todos comentamos algo al respecto. Luego ya Mercedes resaltó especialmente el muy buen uso de las distintas personas narrativas, los distintos estilos empleados, el manejo en los tiempos verbales... Todo el librito, dijo, es como un compendio de recursos narrativos. Diríase, finalizó, que Pedro Mairal fuese profesor de narrativa o estilística (¡lo es; lo es!) y hubiese ensayado en esta narración todos los recursos que conoce. También al hilo de la intervención de Mercedes otros tertulianos hablaron de la metaliteratura practicada en "La uruguaya".

Mary Luz intervino comentando algo tan importante como la mostración de la realidad de la Argentina con sus terribles problemas de inflación, que son los que están en la base del  viaje de este Ulises que es Lucas. Un viaje en el que topará con las sirenas (la Maga Guerra) que le desviarán de su camino y retrasarán su vuelta a casa. También Mary Luz destacó la importancia que tiene la música en esta novela.

Guida cerraría el orden de intervenciones si es que tal orden hubiese existido. En su lugar como ya he señalado intentamos en esta tertulia hacerla más fluida, más conversacional, menos profesoral, y cuando el círculo se cerraba con ella es verdad que casi todo ya había sido dicho por el resto y también por ella misma como ya se ha podido comprobar. Quizás, ahora recuerdo cómo habló sobre la visión que los argentinos tienen de Uruguay, al que consideran un país liberal de costumbres, abierto, alegre..., claramente un objeto de deseo en su imaginario. Al hablar de Uruguay y de ese viaje de sólo 17 horas, Ana comentó su experiencia personal del viaje en el transbordador que la llevó de Buenos Aires a Colonia en Uruguay. Es el mismo viaje que hace Lucas cuando va a por plata a Montevideo. Comentó Ana la belleza de esta localidad, Colonia, y cómo los argentinos (¡buenos son ellos!) le dijeron que Montevideo no valía nada.

En general, pues, la novela había gustado a la gran mayoría, y es que no es frecuente encontrar literatura transmitida en un formato ligero y no exenta de calidad.


Momento poético
Al estar ausente Maru, a quien por orden le correspondía el turno de recitado poético, Mercedes llevó hasta la reunión desde su biblioteca un volumen trabajado y muy consultado por ella a lo largo de los años. Se trataba de la "Segunda Antolojía Poética (1898-1918)" de Juan Ramón Jiménez. Ella, que es juanramoniana por los cuatro costados leyó al azar una serie de poemas de este volumen recopilatorio. Concretamente pudimos escuchar en su voz los poemas "La Amapola", el poema 'Intelijencia, dame' de su poemario "Eternidades" y, por último, 'Valle nuevo a través de la cristalería', poema 239 de dicha "Segunda antología". No recuerdo ahora mismo si recitó alguno más. A continuación pongo el texto de estos tres poemas en letra y, con el permiso de Mercedes, en mi propia voz. Veamos qué tal resulta la operación:

Intelijencia
(de “Eternidades”)


Intelijencia, dame
el nombre esacto de las cosas!
Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas...
¡Intelijencia, dame
el nombre esacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de as cosas!

La Amapola,
(Segunda Antología Poética)

¡Amapola, sangre de la tierra;
amapola, herida del sol;
boca de la primavera azul;
amapola de mi corazón!

¡Cómo ríes por la viña verde,
por el trigo, por la jara, por
la pradera del arroyo de oro;
amapola de mi corazón!

¡Novia alegre de los labios granas;
mariposa de carmín en flor;
amapola, gala de la vida;
amapola de mi corazón!

Valle nuevo a través de la cristalería
Juan Ramón Jiménez

Valle nuevo a través de la cristalería
de colores. Trastorna su lizz y sus colores.
Cristal rojo, azul, verde. Oh qué policromía
falsa, brillante y lírica de hojas y de flores.

La hora, en él, está más distante y más pura.
Lo mismo, de otro modo, ilusión desbordante,
esponja el corazón. Qué encanto, qué ventura
de brisa carmesí y de sol verdeante.

El azahar es celeste; los redondos claveles
de sangre, son morados; los moriscos jazmines
amarillos son cobres; los lustrosos laureles
son naranjas; las Cándidas magnolias son carmines.
(Poema 239 de la “Segunda Antolojía (sic) Poética” publicada en 1920) 


La próxima Tertulia
Como solemos hacer, al finalizar el momento poético hablamos sobre el libro que leeríamos en nuestro próximo encuentro que será, además, el cierre del presente curso. Recordamos todos que Mamen Alonso desde la lejana Helsinki había lanzado un título que a todos nos parecía interesante; es más, ya Inma se había ocupado de sacarlo de la biblioteca y estaba leyéndolo. Se trata de una novela de Siri Hustvedt titulada "El mundo deslumbrante".

La Tertulia siguiente, tras oír a todos, los presentes en la propia reunión, y a los ausentes a través de WhatsApp este mismo sábado en duradera conversación, quedó señalada para el próximo día 14 de junio, jueves, a las 20:00 horas. Da la impresión de que ese día todos podemos asistir, ¡fantástico! La idea es hacer como otros años: tertulia a esa hora y luego tras ella comer algo en el mismo establecimiento. ¿Y de qué establecimiento estamos hablando? Pues del local 'Metro-Bistro' situado en la calle Imperial, 3, muy cercano a la Plaza Mayor de Madrid. Leo en su página que abren todos los días a partir de las 19 horas con lo que, pienso, que no habrá problema para ir al establecimiento a eso de las ocho de la tarde. Pero eso ya se comprobará debidamente al hacer la reserva. Me perdonaréis pero en este momento no recuerdo quien quedó encargado de realizar esta tarea.

Y esto fue todo, amigos. Espero que disfrutéis de la vida (lecturas, viajes, teatro, películas, familia...) y nos lo contemos todo, todo, en cuanto nos veamos de nuevo.

sábado, 21 de abril de 2018

De paseo por Mora, Orgaz, y "Ordesa" del Gran Vilas

3 comentarios:
La Crónica que se me viene encima me acongoja un poco. Porque ¿por dónde atacarla? Nosotros que somos ya tertulianos avezados sabemos que gran parte de la bondad o maldad de un escrito reside en el planteamiento, el enfoque, la organización..., y que luego ya todo viene rodado. Como la novela que llevábamos era de corte memorialista tiraré de repertorio y si me sale en desorden se lo atribuiré al género y si no, diré que opté por la linealidad temporal (je, je...). En fin, ya veremos, me pongo el mundo por  montera y, como dice el clásico, que salga el sol por Antequera.


Ya desde primera hora, qué digo primera hora, desde la noche anterior, la enfermedad se había cebado con una de nuestras compañeras dejándola debilitada, exhausta y descangallada en el lecho del dolor. Es lo que tiene la gastroenteritis que cuando la toma con alguien se resiste a abandonarlo por muchas dietas astringentes que el enfermo -enferma en este caso- haga. ¡Vaya por Dios, mira que es mala suerte!- dijimos los que, aunque algo maltrechos algunos, nos levantamos a primera hora para cumplir el Programa que tan cuidadosamente y con tanta dedicación habían confeccionado María Jesús y Mercedes.

La Jornada
Tuvo, más o menos, el siguiente desarrollo. A las 10:20 recalábamos en la cafetería "Metrópolis" en pleno centro de Mora de Toledo. Allí tomamos café y los tertulianos que participábamos en esta manchega salida (María Jesús, Mercedes, Mary Luz, Cecilia, Inma, las hermanas Tena (Margarita y Teresa), Carmen Sánchez y yo mismo) saludamos a Maite y a Carmen, hermana y amiga respectivamente de Carmen Sánchez. Unas chicas estupendas que se adaptaron a la perfección al grupo y con las que reímos y conversamos a satisfacción.

Tras esta reunión inicial partimos raudos en tres vehículos hacia el Museo del Aceite donde nos esperaba Jonathan, el gañán [así se definió con conocimiento filológico él mismo] que nos iba a ilustrar -¡vaya si nos ilustró!- con todo lujo de detalles sobre el mundo del aceite del que conocía prácticamente todo. Vimos que el chico disfrutaba y, la verdad sea dicha, nosotros también con él. Yo percibí que mis compañeras de tertulia estaban a gusto con este chico a quien dedicaron todo tipo de elogios y parabienes dentro y fuera del Museo que en verdad mereció la visita a pesar del frío que dentro de él pasamos.


Ya fuera del Museo del Aceite pusimos rumbo a Orgaz donde teníamos concertada hora para visitar el Castillo que perteneció al famoso Conde del cuadro del Greco, si bien su última propietaria fue Dª Gema Llopis que dispuso en sus últimas voluntades que el edificio quedase en manos del consistorio municipal. Gracias a eso y a la magnífica reconstrucción que hizo el padre de Dª Gema hacia 1972 del inmueble derruido que había adquirido, ha llegado hasta nosotros una viva muestra de lo que más o menos debió de ser durante la Edad Media un Castillo de vigilancia del camino real que iba de Toledo a Córdoba. Es un castillo peculiar pues está en lo llano y no en un altozano como suele ser lo habitual. Las fotos que acompañan la Crónica nos permitirán recordarlo. Hicimos fotos de todo lo que era presencia patente; por más que nos empeñamos fue imposible hacer lo propio con el mono Jeremías y eso que  nos encomendamos a la Reina de la Fiesta del Aceite 1972, la señorita Gema Llopis, invocándola a través de las fotografías y del vestuario que en el Castillo se conserva. Pero, nada, Jeremías, como que no, tan sólo vimos su inmensa jaula vacía.

Finalizamos la visita al Palacio a una hora ya bastante ajustada y como a las 16:30 habíamos quedado con la guía para que nos enseñase la iglesia nos urgía comer y si era posible incrustar allí, en la sobremesa, la Tertulia sobre la novela de Manuel Vilas. Dejaríamos para más adelante, cuando subiésemos en Mora a la Ermita de Ntra Sra de la Antigua, el recitado de poemas que Inma nos había dicho el día anterior que 'pre-tenía' elegidos. Era intrigante y motivador.


La Tertulia
La comida fue correcta: un menú de 15€ en el que verduras, sopas de ajo, caza  y rabo de toro fueron las estrellas. Los postres también fueron correctos. Comimos, pues, a satisfacción y a eso de las 15:20 iniciamos el intercambio de opiniones sobre la novela de Manuel Vilas.

Abrí el fuego yo al haber sido quien hizo la propuesta del libro. A mí me habría gustado dar a la Tertulia un nuevo estilo que evitase la a menudo espera excesiva para intervenir. Mi propósito quedó a medio camino en parte porque según figuraba en el programa yo pensé que la tertulia sería por la Tarde tras haber concluido toda las visitas y compras y en parte por el tiempo muy ajustado de que dispusimos. Pero bueno no quedó mal la cosa. Expresé en primer lugar el motivo por el que hice la propuesta de "Ordesa": ya la había leído e incluso reseñado [quien quiera ver mi opinión más por extenso puede leer  aquí dicha reseña] y además era una narración de personaje masculino que nos alejaba de los personajes femeninos relacionados sobre todo con otras mujeres (madres, amigas, hermanas...) que tanto habíamos frecuentado en nuestras últimas lecturas. No, aquí, un personaje, Manuel Vilas, hablaba de él y de su relación con sus padres -sobre todo con el personaje de su padre- y con sus hijos. A estas razones de elección añadí dos elementos que me habían agradado muchísimo: La primera, que partiendo de la mera biografía del sujeto protagonista, el autor logra elevar la narración al terreno de la universalidad; y eso a mí me parece meritorio sin ninguna duda. La segunda, ya tiene que ver con el estilo y en especial con esa delicada manera con que Manuel Vilas logra dar a entender informaciones relevantes sobre algunos personajes sin caer en la cruda descripción, tan sólo sugiriendo; a esto contribuye muy mucho esa prosa poética que utiliza para transmitir la historia que nos cuenta.
Tras señalar lo anterior mi intención era la de lanzar unos cuantos temas de debate para sobre ellos construir la Tertulia. Lo logré a medias. Los aspectos que me parecían relevantes en el relato eran dos: el Tiempo y el Amor. Y muy relacionados con ellos estarían la Música, el Humor, la Literatura referencial y la Poesía.

Me gustó que los tertulianos entrasen en desorden a opinar sobre estas cuatro o cinco cuestiones que expuse. Si hubiera habido más tiempo y sosiego quizás el experimento habría resultado exitoso. Pero con todo y con ello yo quedé contento. Durante este constructivo intercambio de opiniones, Mª Jesús estuvo conmigo en la elevación a universal de esa vida familiar que Vilas presenta, aunque a ella le parecía que ese impudor, ese mostrarse ante los demás, era más que nada una concesión a una moda literaria. No hubo mucha opción para detenerse y debatir sobre esto, aunque la mayoría de los contertulios (contertulias, mejor debiera decir) atacaron al hombre porque lo vieron egoísta, mal profesional, mal padre, mal hijo respecto a su madre y adorador de ídolos falsos en sus referencias al padre. En fin, yo vi cómo me iba quedando solo. Afortunadamente Cecilia salió en defensa de la inmensa literatura que hay en esta obra, pero también me pareció ver que venía a decir que el escritor se aprovechaba en exceso de las referencias literarias (Quevedo, el 27, Machado, Dámaso Alonso, Juan Ramón y tantos otros) que germinaban en la novela. Luego ella y muchas otras tertulianas calificaron a Manuel Vilas de engreído y de considerarse por encima del resto. No sé, no sé, a mí me parece que el escritor es un cínico, un irónico y le gusta la provocación y, en parte, levantar respuestas y opiniones como las que en esa escasa hora se pusieron sobre la mesa.
Otra opinión muy generalizada en muchas tertulianas fue que la obra les había resultado muy pesada y muy reiterativa. Pese a estas calificaciones no muy halagadoras para este aragonés todos los tertulianos coincidimos en señalar el magnífico manejo del idioma que tiene el escritor. Pero a mí me quedó la sensación de que en general la obra no había sido muy del gusto de los asistentes: siempre habla de la muerte, no sabemos nada de su mujer, no se sabe ganar a sus hijos, ¿su madre es una mujer estúpida?, acaba uno harto del padre ..., fueron frases muy proferidas en la tertulia.

Prosigue la visita de Orgaz
Y de repente, ¡uy, ya son casi las 16:30. Vámonos! Y así hicimos, marchamos veloces a ver la iglesia de la localidad que había sido restaurada hacía poco tiempo. Una iglesia con hechuras de grande que como tantas cosas en España se quedó en un quiero y no puedo. Una iglesia truncada, abreviada diría yo. En su interior vimos varias esculturas (el Cristo del pie izquierdo, diversas vírgenes, otro cristo de espalda plana para ser  fijado a la pared...) que acababan de haber sido paseadas en procesión durante la Semana Santa. En una capillita perteneciente a la antigua iglesia que la grande absorbió pudimos contemplar un pequeño cuadro del Greco, "El expolio", de los varios que en su taller se debieron de pintar para la confección del mayor que figura en el Museo del Prado. Pero éste -nos dijo la guía orgaceña- era sin duda alguna de Domenico Theotocópuli. Y a la puerta de la iglesia despedimos a la chica que nos había ilustrado sobre la historia y arquitectura de este pueblo que conserva bien su idiosincrasia y tipismo.


¡Ah, se me olvidaba! También en Orgaz visitamos una casa típica, "La Casona", que había recibido múltiples premios  por su fantástica restauración. Allí vimos el estilo árabe de vivir hacia adentro, en el patio al que daban todas las dependencias. ¡Muy bonita la casita en cuestión, sí señor!

En la ermita de la Antigua de Mora. Recital poético
Volvimos a Mora. Aún nos quedaban cosas importantes por hacer. Concretamente faltaba el recitado de poemas que habíamos dejado para cuando visitásemos la ermita de Ntra. Sra. de la Antigua. La ermita en cuestión dista unos siete kilómetros de Mora de Toledo y según nos contó María Jesús los morachos peregrinaban a ella el primer domingo de septiembre. Conserva en su interior algunos cuadros de cierto valor y la imagen que se venera se llama de la Antigua por ser la única que se libró del incendio que destruyó el templo parroquial de Mora durante la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1521.

A la entrada de la ermita hay una explanada grande, ancha, magnífica, que nos llamaba a sentarnos en una bancada corrida de piedra junto al muro que delimitaba el espacio abierto. Al abrigo del sol que ya picaba y cómodamente sentados escuchamos a Inma recitar los poemas que había elegido. El primero era del mismísimo Manuel Vilas, concretamente del poemario que publicó el año 2012 titulado "Gran Vilas" y el poema que eligió tenía precisamente ese mismo epígrafe, 'Gran Vilas'. Luego del magnífico recitado de este poema que nos hizo comprender aún mejor si cabe al escritor del que habíamos leído "Ordesa", Inma nos obsequió con otra poesía perteneciente a un autor del que, al menos yo, nada sabía: Roy Galán. El poema se titula 'Hay días cueva y días abismo'. Lo escuchamos en la voz de Inma que, repito, recita muy bien transmitiendo la chispa, el ritmo, el mordiente que el autor ha incorporado al poema. ¡¡Bravo por Inma!!
Ambos poemas esta vez sólo en letra son los que vienen a continuación.
"GRAN VILAS"
Manuel Vilas, poemario "Gran Vilas"

Cómo me gusta el dinero,
cómo me gustaría
ser uno de los hombres
más ricos del planeta.

Me gusta ese momento en que la gente te paga por lo que sea.

Creo que lo que me mataría de verdad es no tener dinero.
Eso mató a mis antepasados: no tener nada.

Me gusta recibir transferencias bancarias.

Pero no me estoy haciendo rico,
sólo me hago viejo.

Se acerca el momento final
Y sigo igual de pobre que siempre,
Igual de pobre que mi padre y el padre de mi padre,
raza negra de negros españoles,
y eso me mete mala y negra sangre en la cabeza.

Muy viejo e igual de pobre que todos los viejos de la tierra.

Mira que era pobre mi padre y mira que yo amaba
esa pobreza, los pobres elegantes españoles
con la frente llena del sol del Mediterráneo.
Mi padre era un Woody Guthrie de las montañas de
Huesca.
Era el mejor, siempre guapo, siempre radiante.
Pero se murió, así fue, se murió.

¿Por qué no soy rico si soy el mejor de los hombres,
si soy un santo,
si soy San Vilas,
muy colega de mis colegas,
un vitalista cordial?

Pagan mal en todas partes. Pagan mal en todo el planeta.
Pronto ya no pagarán nada, y volveremos adonde siempre
estuvo la gente com o yo, allí abajo, quemados,
enloquecidos,
ajusticiados, esclavizados, rotos.

¿Has visto cómo bajan los ríos de la tierra, llenos de cadáveres flotantes,
llenos de moscas que se posan en los labios
de los cadáveres golpeados por la tiranía universal?

No soporto envejecer,
dejar de ser la criatura más resplandeciente de la tierra.

Ser pobre y joven era tolerable

Ser pobre y viejo será un martirio.
Me comeré la pobreza y la vejez con ardiente mala sangre.
Y haré milagros, partiré el mar por la mitad
y me beberé las olas, los peces
y me beberé a todo el alto mando
de la marina de guerra norteamericana

Beberé almirantes, capitanes y delfines.
Beberé ballenas.

También me beberé al alto mando
de la marina mercante de los Estados Unidos.
Me beberé los portaviones de la OTAN.

Necesito cambiar de sangre,
de órganos,
de vísceras,
de cuerpo,
pero no de alma.

Mi alma estará bien siempre

“Hay días cueva y días abismo”
Roy Galán.

Hay días cueva y días abismo.

Hay días que pasan sin más, en los que el invierno te pilla aún con la sal en la espalda y días que tardan más de mil días en llegar.

Hay días mudos y días ruido.

Hay días gota que contienen la memoria de los días lluvia.

Hay días en los que otros rompen contigo y días a los que tú les pegas un puntapié acostándote antes de que anochezca.

Hay días clave y días arpegios y días en los que una canción te salva, de nuevo.

Hay días esclavos de celdas de excel y días libres de vuelos sin cobertura.

Hay días en que dormiste por primera vez con un extraño y días en los que te despertaste al lado de uno al que creías conocer.

Hay días en los que te rompieron la nariz de un puñetazo y días en los que dijiste nunca más.

Hay días en los que te traicionaste a más no poder y días en los que le gritaste a una silla a la que le reprochaste que no te hubiera abrazado lo suficiente.

Hay días que son isla y días que son marca antes de taladrar.

Hay días en los que te comes una y cuentas veinte y días casita en los que te gustaría no tener que tirar de nuevo el dado.

Hay días y díazos y el día que me quieras y vendrán días, han de venir, y los días raros que bailan como un lazo en un ventilador.

Hay días en los que querrás no haber nacido y días en los que sentirás que tus poros atraviesan firmamentos.

Hay días en los que enterraste a tu perro y días en que viste por primera vez una palmera.

Hay días en que fuimos juntos, días en que todavía eras tú solo y días en los que tan solo fui yo a medias.

Hay días en los que estaban todos y días en los que fue imposible que lo estuvieran.

Hay días máscara y días en los que la cara te tiembla.

Hay días trampa para la mente, para sentir que has hecho algo, que hemos estado, que seguimos siendo, aquí.

Hay días en los que el deshielo de los polos casi inunda los pies de tu cama.

Días en los que otros, simplemente, dejaron de latir.

Hay días sin ti y días después de ti.

Y sin embargo, aquí seguimos.

Días vivos.

Nos quedan tantos días, o tal vez solo uno.

Por si hoy fuera mi último día.

Gracias.

Y perdón.

Luego, ya metidos en faena poética, Cecilia no pudo contenerse y leyó el poema "Insomnio" del poemario "Hijos de la ira" que escribiera Dámaso Alonso en 1944 y que muchos habíamos visto sobrevolar no pocas veces por los versículos de algunas secuencias del texto de la novela "Ordesa".
También Mercedes, creo (ahora dudo si fue la misma Cecilia quien hizo el recitado del poema juanramoniano),  hizo lo propio con "Primavera amarilla" de Juan Ramón Jiménez. La letra de ambos textos es la siguiente:

“Insomnio”

de Dámaso Alonso

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
“Primavera amarilla”

de Juan Ramón Jiménez

Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.

El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.

Poemas Májicos y Dolientes (1909)

Por último, a petición de Inma, yo leí el poema "The end" que cierra el libro "Gran Vilas" de Manuel Vilas. En ese poema el escritor autoficcionaliza su propia muerte. Es en el fondo el final opuesto al de "Ordesa" que se cierra con una secuencia en la que el autor autoficcionaliza su propia gestación en Barbastro durante un caluroso día de principios de noviembre de 1961 cuando sus padres por amor se pusieron a ello. ¡Qué enorme es este Manuel Vilas!

THE END

Era noviembre del año 2051
Y el escritor Manuel Vilas agonizaba
En una habitación del hospital
La Paz de Madrid.

Tenía 89 años

Sus hijos y sus amigos estaban con él en la habitación.
Hijos y amigos sostenían las manos de Vilas.
Manos que no recordaban haber cogido el mundo.
Vias estaba lúcido.
Se moría de viejo,
Pero hablaba.

Veo una fiesta, veo gente bailando –dijo-,
Una gran fiesta tropical.
Yo tengo 19 años y no 89.
La gente se baña en el mar.
Vuelvo a ser joven y estoy enamorado.
Soy un ángel perfecto.
Soy inmortal.
Vuelvo a sentir el futuro como una puñalada
De alegría en el corazón.

Vilas expiró en ese momento,
Lleno de besos, de abrazos fuertes
Y de emocionados apretones de manos.

La tierra tembló y se abrieron los palacios celestiales.

Vilas estaba muerto.

Pensé que acabaría pegándome un tiro
O saltando por la ventana, pero he acabado como todos.

Habían estado besando a un muerto hediondo,
Pero no les importaba eso,
Eran los hijos y los amigos de Vilas.
Amaban a Vilas y Vilas les amaba.

En efecto, el médico de planta confirmó el fallecimiento.
Había algunos periodistas y algunos personajes imprecisos.

Mira que fui feliz, pero aún podía haberlo sido más
Y eso me está matando mucho más que esta muerte real.
Un fantasma más enamorado que el hombre
Muy enamorado que lo inspiró.’ 

Vilas parecía una momia.
Daba bastante asco.
Un cuerpo replegado sobre cuatro huesos.
Una boca aplastada.
Unos ojos gastados hasta lo indecible.
La frente era una arruga escandalosa.
Las manos eran pura podredumbre,
Los dedos no tenían forma,
Falanges vivas, en ingrávido retorcimiento.

Esto fue el Gran Vilas, finalmente.
El hombre más bondadoso de la tierra, finalmente.
El hombre más enamorado de la historia, finalmente.
Su paso por el mundo estaba consumado.

Gran Vilas, ¿regresarás?
Los grandes vuelven.
Pero para qué volver.

Seguid besándolo, los besos son nuestras rosas.


La  próxima tertulia
Tras el fervor poético vino la vuelta a aqueste bajo mundo. Vamos, quiero decir, que nos quedaba aún por comprar aceite, queso y dulces. Y así hicimos. Cerca del hermoso ayuntamiento de Mora entramos en una tienda de ultramarinos (no encuentro mejor palabra para denominarla) donde había todo aquello que íbamos buscando. Las enseñanzas de Jonathan se pusieron a prueba a la hora de elegir los aceites: que si de arbequina o picual, que si de mezcla de ambas, que si de la cooperativa, que si oliva virgen o virgen extra, que si de la Moncloa, que si... ¡Qué sé yo la cantidad de "quesíes" que sopesamos para comprar aceite! Bueno, la cosa fue que en poco tiempo finalizamos las compras y todo contentos marchamos a la plaza a sentarnos en una terraza para descansar, tomar un refrigerio y decidir título, día, fecha y hora de nuestro próximo encuentro

Leeremos "La uruguaya" de Pedro Mairal. Nos veremos el próximo 17 de mayo a las 19:00 horas en el kiosko "La Perla", en Rosales.

Espero no haberos cansado mucho. ¡Hasta la próxima!

jueves, 22 de marzo de 2018

Hablamos sobre "El tren de la última noche" de Dacia Maraini

No hay comentarios:
La crónica que sigue es, necesariamente, una crónica incompleta pues llegué al "Madrid Business & Bar" en O'Donell, 4 cuando ya había transcurrido al menos media hora de la misma. ¿Qué es, entonces, de lo que no fui testigo? Pues, imagino, que de los últimos detalles y pormenores de nuestra próxima salida, la que haremos el 17 de abril por tierras de la Mancha, concretamente a Mora y Orgaz. Desde aquí emplazo a las organizadoras, Mercedes y Mª Jesús, para que envíen un email a todos y cada uno en el que con claridad se vean todos los extremos de ese día: hora de salida, coches y ocupación de los mismos, programa a realizar y todo aquello que entiendan sea interesante conocer. 


La Tertulia sobre la novela de Dacia Maraini
A las 19:30, cuando Mary Luz y yo llegamos al sótano del local de O'Donell, 4 que, además de tertulias como la nuestra, alberga otro tipo de reuniones, alguna con cierto halo misterioso (una persona se acercó a la mesa donde escuchábamos con atención al tertuliano de turno para preguntarnos si era allí la reunión sobre las criptomonedas [¡¡glups!!]). Pero bueno no quiero desviarme.

Decía que a las 19:30 estaba en el uso de la palabra, en nuestra inocente mesa literaria,  Marga, la proponente de "El tren de la última noche". Por lo que alcancé a escucharle saqué en claro que el relato le había gustado mucho si bien había partes como la muy extensa dedicada al levantamiento de Budapest de 1956 que le habían resultado pesadas.

MªJesús, a lo dicho por Marga, puntualizó que la novela le había parecido más una crónica que otra cosa. La escritora quería hablar de un momento histórico y para ello crea unos personajes y los coloca ahí, personajes que por ello parecen no tener alma y ser una mera disculpa para que la Crónica discurra.

Seguíamos un cierto orden en nuestras intervenciones como habitualmente solemos hacer, así que por turno fue Cecilia quien tras Mª Jesús tomó la palabra para expresar su plena satisfacción con el producto leído. En especial le había gustado la técnica empleada y sobre todo esa mezcla de géneros literarios; aquí se detuvo en las cartas que Emanuele le envía a Amara desde Viena en las que -según las propias palabras de Cecilia- se marcaba la 'cronología del horror' siempre in crescendo hasta 1943 en que el niño enmudece.

Guida, que había escuchado con atención las intervenciones precedentes, matizó la dureza contenida en la historia que todos habían manifestado diciendo que había mucha más en otros relatos que tocaban este asunto de los campos de exterminio nazis. Y apuntó como ejemplo "Las benévolas" (2007), título del escritor norteamericano nacionalizado francés y residente en Barcelona, Jonathan Littell (Nueva York, 1967). Siguió diciendo que aunque la novela le había satisfecho, sin embargo hubo momentos en que le pareció algo inverosímil: ¿Es posible que Amara no reconociese en Peter Orenstein a su amor de niña Emanuele Orenstein?, apuntó.

Mercedes dijo que había quedado extasiada con el bello lenguaje utilizado en la novela; un lenguaje que le hizo recordar a nuestro Juan Ramón. Para ilustrarlo leyó algunos fragmentos especialmente poéticos. Cecilia la instó a que leyese el poema de Eugenio Montale que previamente ella nos había hecho llegar por WhatsApp. En el relato son sólo dos versos los citados por Emanuele en una de las cartas dirigidas a Amara. Mercedes leyó el poema completo que, pese a su belleza, y dada su extensión, se hizo algo pesado. En cuanto al asunto novelesco escrito por la autora italiana -siguió diciendo Mercedes- poco o nada nuevo había en él. Como crítica manifestó que la resolución del relato, con ese final rápido, le pareció chocante y sorprendente, pero no para bien.

Maru también expresó su satisfacción con la historia leída, una historia que le había resultado bastante dura. Del personaje central, Amara, dijo que le pareció un ser algo ficticio, falso, poco creíble.

Ana, Mamen y Mª Luz, cada una en su turno, abundaron en la idea de lo poco que añade la historia de horror contada a lo ya sabido por todos. En este sentido, dijeron las tres, que el asunto no les había parecido interesante considerando además que la historia hacía aguas por muchas partes al existir ciertamente elementos muy inverosímiles: la alegría con que Amara se desplaza por una Europa en plena reconstrucción y plena guerra fría, unas relaciones entre personajes que quedan poco claras (Tadeusz, padre de Hans, y Ferenç, el pintor; Amintore y Stefania, padres de Amara; el bibliotecario de Viena Horvath; y otros).

En mi turno llamé la atención sobre la constante narración en presente que se había autoimpuesto la autora. Por ello la inclusión de esas cartas que Amara lee y relee constantemente, para así hacer que sea el mismo Emanuele quien relata ese camino hacia el horror de la vida primero en Viena y luego en el gueto de Lodz; por ello el dejar para el final la narración de los sufrimientos y penurias soportadas por este personaje a fin de que sea él mismo, once o doce años después de haberlos recibido, quien los contase; por ello el desplazamiento hasta Budapest que no añade nada al asunto Amara-Emanuele y que sólo se justifica porque la autora quiere contar en primera persona a través de personajes testigo los sucesos de Hungría de 1956. Al respecto y como ilustración de lo dicho leí un texto para mí muy clarificador. Ese texto, resulta que también lo había leído Guida en su turno (¡perdón, Guida!) y yo lo había olvidado. Es lo que tiene esperar pacientemente a que te llegue el turno de participación en la tertulia. De nuevo, pues, pido disculpas.
También me referí, como aquello que más me había agradado de esta novela, a la tremenda cultura que Dacia Maraini esparce por la obra en forma de referencias culturalistas de todo orden (musicales, literarias, pictóricas...). Especialmente me fijé en las literarias que van desde la Eneida de Virgilio con ese Hans que lleva sobre sus hombros a su padre muerto como Eneas hiciera con su padre Anquises, pasando por el "Infierno" de Dante, los "Pensamientos" de Pascal, el "Wherter" de Goethe, los personajes de "El idiota" de Dostoievsky, la Viena de "El tercer hombre" de Graham Greene, los poemas del italiano Montale, del turco Nazim Hikmet, del húngaro Gyulia Illyés...; sin olvidar, naturalmente, la novela "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad, crónica del horror más terrible y novela a la que, en mi opinión, Maraini emula aquí; y tantas y tantas otras referencias literarias. Son referencias en mi opinión nada sencillas de insertar bien en el relato. Maraini lo consigue con su bello estilo al convertir los textos, personajes y pasajes literarios citados en parte de la narración al quedar transformados en elementos reales o referenciales dentro de las innumerables metáforas e imágenes que llenan su novela.

Juan Dionisio, en su turno, señaló la dureza de la historia. Habló de la gran cantidad de alusiones musicales cultas y populares que aparecen en el texto y especialmente comentó lo mucho que había llamado su atención esa confesión de amor y fe ciega propia del enamoramiento que la dueña de la pensión vienesa en la que se aloja Amara manifiesta al hablar de por qué la población había seguido y bebido el pensamiento nazi como verdades plenas sin percibir todas las barbaridades que hacían y que decían sobre los judíos. 'Era Amor', dice este personaje, 'lo que nos atraía hacia ellos'. A este respecto todos le vinimos a decir a Juan Dionisio que ahí radica el éxito de todos los nacionalismos, en el sentimiento de fe ciega propio del enamoramiento que nubla la razón y que sólo nos deja considerar las cualidades de la persona amada sin ver ningún defecto en ella. Pusimos como ejemplos  muy cercanos el de los nacionalismos periféricos que tenemos en España. ¡Ceguera total!

Inma, a quien le llegó la vez cuando ya había transcurrido más de una hora de comenzada la reunión, apenas si pudo añadir nada nuevo porque, como bien dijo, prácticamente todo había sido ya dicho. En un momento anterior, cuando Mercedes habló de esa demora en contar lo sucedido a Emanuele en los campos y de cómo la contraportada de la novela hablaba de sorpresa final, ella había comentado que jamás leía las sinopsis que venían en los libros hasta haberlos leído por sí misma; de esa manera evitaba verse influida. Pero sobre este asunto suscitado por Mercedes introdujo durante su intervención un dato más. Según Inma sí se van dando informaciones sobre lo que podría estar pasando con Emanuele en los campos a través de otros personajes como el de su tío pintor y la esposa de éste que compartieron cautiverio con él y evitan decir nada sobre su comportamiento.

Y acabo. En esta ocasión, la Crónica ha salido algo extensa porque he querido reflejar con cierta fidelidad el proceso que solemos seguir en las mismas. Es un proceso ordenado, pero que quizás resta espontaneidad al intercambio de ideas y comentarios entre unos y otros. Desde aquí, propongo dotar de más dinamismo a las reuniones para que todos podamos intervenir cambiando la dinámica de las mismas. Como no es caso de extender más ya esta crónica, creo que estaría bien abrir un período de reflexión sobre el proceso para intentar mejorarlo (como se decía en nuestra ya lejana etapa profesional propongo que vayamos pensando, ¡tachán!, en "propuestas de mejora". ¿Os acordáis de esta expresión? Seguro que sí). Bueno, ahí lo dejo.

La hora de la Poesía
Cerca de las nueve de la noche Ana, que era quien en esta reunión aportaba poemas, nos habló de los dos autores de quienes nos iba a leer sendas composiciones. Se trataba de un lejano familiar suyo, José Antonio González-Haba Guisado, primo segundo, con quien apenas relación          -mejor  ninguna- había tenido pues a pesar de los apellidos las vicisitudes de la vida había separado mucho geográficamente  a estos familiares lejanos de manera que casi ningún contacto había existido con ellos. Pero bueno, este chico, fallecido en 2009 a los 71 años, coincidió en Barcelona durante sus años de estudios universitarios con Joan Margarit con quien hizo buena y sana amistad en el colegio mayor donde ambos residían. Tal debió de ser la amistad entre ambos que Margarit a la muerte de González-Haba Guisado instó a la editorial granadina Valparaíso de Poesía a publicar los poemas que José Antonio había ido escribiendo a lo largo de toda su vida y que habían permanecido inéditos. El libro se titula "Puente de hierro" y apareció en septiembre de 2016 con prólogo del arquitecto y poeta catalán que lo había propiciado.

Dos poemas, pues, son los que Ana nos ofreció. Dos poemas relacionados entre sí por la biografía de los autores y porque el de Joan Margarit lleva el enigmático título de "J. A. G. H.". Los lectores de Margarit siempre quisieron conocer el misterio escondido tras estas iniciales. Ana nos lo descubrió a nosotros el martes pasado; y por si la biografía y amistad de ambos fuera poca cosa ha querido descubrirnos también al poeta que existía tras ese nombre que cantó el poeta catalán. A mí los poemas de ambos me gustaron mucho. Os los presento en letra y audio (la voz es mía. Disculpad los fallos que pudiera haber)

J. A. G. H.
(Joan Margarit)

Te imagino bebiendo el vino áspero
del bar de ese poblacho desde el que me [escribiste
tu última carta. Digo muy despacio:
Hice una inmensa finta y viví veinte años.
Es el único verso tuyo
que puedo recordar de tantas noches
en el Café de la Ópera.
Siempre pensé que, de los dos, serías tú el [poeta,
Un seco Baudelaire de Extremadura.
Amigo, extraviado desde hace tanto[tiempo,
una voz al teléfono que a veces
surgía de las viejas esperanzas.
De pronto sé que somos uno solo
Y que has detenido aquella noria
Del poema funesto que no acababas nunca.
Aquella amiga suicida.
(José Antonio González-Haba)

Estás en la amplitud de la ventana
que cálida y pacífica me mira,
observando aún el cotidiano
desenvolvimiento de la estancia:
las viejas sillas, la cama sobre el suelo,
el nuevo libro, la revolución
que amaste y prosiguen las canciones.
Estás en el fondo de aquel espejo
como en un pozo muy profundo
esperando que asomen otros rostros.
En la percha, donde demenciales
a veces aparecen tus vestidos.
En el armario que te quiso tanto.
Estás vagando, tenue, por la casa:
cada crepúsculo una sombra cruza
hacia el lavabo donde te peinabas
y sonaban puertas, grifos, pájaros.
Estás en el retrato de Van Gogh
que salvaje contempla las paredes.
En las sucias cazuelas y sartenes.
Estás bellísima en el tragaluz
que en la cocina canta el esplendor
de viejas cenas a la media noche.
No sé. Pero en algún lugar estás.
Vagas sonriente por todas las buhardillas.
Tú, que sin decir nada a los vencejos
decidiste un día cambiar de abismos
y me dejaste a solas con las puertas.
Solitario,
desde la más alta terraza,
he de encaramarme una noche a las [estrellas
y saber de la sonrisa
con que, para siempre,
desde algún lugar me miras.

La próxima lectura
Aquí también se lanzaron ideas sobre cómo realizar la elección de los títulos. Es un asunto también a reconsiderar. Mamen, en concreto, planteó -y yo la secundé- un sistema que propiciase el que todos pudiesen efectivamente hacer propuestas. Consistiría el procedimiento -creo haberlo entendido así- en que en cada reunión fuesen tres personas (siempre que quisiesen, naturalmente) las que propusiesen lectura para sobre ellas a continuación elegir en votación la que haríamos. Como todo es un sistema  posible. En fin, ya lo veremos y seguiremos perfeccionando.

En esta ocasión tres títulos fueron los propuestos: "La familia Karnowsky" de Israel Singer (proponente, Cecilia), "Ordesa" de Manuel Vilas (proponente, Juan Carlos),  y "Una infancia feliz en una España feroz" de Jorge Martínez Reverte (proponente, Mamen).

De los tres títulos, una vez realizada la votación, salió elegida la novela de Manuel Vilas. Es una novela que ha sido muy bien recibida y que, según algunos vaticinios, podría alzarse con ese título de mejor libro del año en curso. ¿Sí? ¿No? Bueno, el día 17 de abril durante la tertulia que haremos en tierras manchegas daremos nuestra opinión al respecto.


Despedida y Cierre
Y esto fue todo, que como veis no fue poco. Quedamos, pues, emplazados a la salida del próximo día 17 según el programa que nos remitan las organizadoras. Hasta entonces, pasadlo bien.