sábado, 21 de abril de 2018

De paseo por Mora, Orgaz, y "Ordesa" del Gran Vilas

3 comentarios:
La Crónica que se me viene encima me acongoja un poco. Porque ¿por dónde atacarla? Nosotros que somos ya tertulianos avezados sabemos que gran parte de la bondad o maldad de un escrito reside en el planteamiento, el enfoque, la organización..., y que luego ya todo viene rodado. Como la novela que llevábamos era de corte memorialista tiraré de repertorio y si me sale en desorden se lo atribuiré al género y si no, diré que opté por la linealidad temporal (je, je...). En fin, ya veremos, me pongo el mundo por  montera y, como dice el clásico, que salga el sol por Antequera.


Ya desde primera hora, qué digo primera hora, desde la noche anterior, la enfermedad se había cebado con una de nuestras compañeras dejándola debilitada, exhausta y descangallada en el lecho del dolor. Es lo que tiene la gastroenteritis que cuando la toma con alguien se resiste a abandonarlo por muchas dietas astringentes que el enfermo -enferma en este caso- haga. ¡Vaya por Dios, mira que es mala suerte!- dijimos los que, aunque algo maltrechos algunos, nos levantamos a primera hora para cumplir el Programa que tan cuidadosamente y con tanta dedicación habían confeccionado María Jesús y Mercedes.

La Jornada
Tuvo, más o menos, el siguiente desarrollo. A las 10:20 recalábamos en la cafetería "Metrópolis" en pleno centro de Mora de Toledo. Allí tomamos café y los tertulianos que participábamos en esta manchega salida (María Jesús, Mercedes, Mary Luz, Cecilia, Inma, las hermanas Tena (Margarita y Teresa), Carmen Sánchez y yo mismo) saludamos a Maite y a Carmen, hermana y amiga respectivamente de Carmen Sánchez. Unas chicas estupendas que se adaptaron a la perfección al grupo y con las que reímos y conversamos a satisfacción.

Tras esta reunión inicial partimos raudos en tres vehículos hacia el Museo del Aceite donde nos esperaba Jonathan, el gañán [así se definió con conocimiento filológico él mismo] que nos iba a ilustrar -¡vaya si nos ilustró!- con todo lujo de detalles sobre el mundo del aceite del que conocía prácticamente todo. Vimos que el chico disfrutaba y, la verdad sea dicha, nosotros también con él. Yo percibí que mis compañeras de tertulia estaban a gusto con este chico a quien dedicaron todo tipo de elogios y parabienes dentro y fuera del Museo que en verdad mereció la visita a pesar del frío que dentro de él pasamos.


Ya fuera del Museo del Aceite pusimos rumbo a Orgaz donde teníamos concertada hora para visitar el Castillo que perteneció al famoso Conde del cuadro del Greco, si bien su última propietaria fue Dª Gema Llopis que dispuso en sus últimas voluntades que el edificio quedase en manos del consistorio municipal. Gracias a eso y a la magnífica reconstrucción que hizo el padre de Dª Gema hacia 1972 del inmueble derruido que había adquirido, ha llegado hasta nosotros una viva muestra de lo que más o menos debió de ser durante la Edad Media un Castillo de vigilancia del camino real que iba de Toledo a Córdoba. Es un castillo peculiar pues está en lo llano y no en un altozano como suele ser lo habitual. Las fotos que acompañan la Crónica nos permitirán recordarlo. Hicimos fotos de todo lo que era presencia patente; por más que nos empeñamos fue imposible hacer lo propio con el mono Jeremías y eso que  nos encomendamos a la Reina de la Fiesta del Aceite 1972, la señorita Gema Llopis, invocándola a través de las fotografías y del vestuario que en el Castillo se conserva. Pero, nada, Jeremías, como que no, tan sólo vimos su inmensa jaula vacía.

Finalizamos la visita al Palacio a una hora ya bastante ajustada y como a las 16:30 habíamos quedado con la guía para que nos enseñase la iglesia nos urgía comer y si era posible incrustar allí, en la sobremesa, la Tertulia sobre la novela de Manuel Vilas. Dejaríamos para más adelante, cuando subiésemos en Mora a la Ermita de Ntra Sra de la Antigua, el recitado de poemas que Inma nos había dicho el día anterior que 'pre-tenía' elegidos. Era intrigante y motivador.


La Tertulia
La comida fue correcta: un menú de 15€ en el que verduras, sopas de ajo, caza  y rabo de toro fueron las estrellas. Los postres también fueron correctos. Comimos, pues, a satisfacción y a eso de las 15:20 iniciamos el intercambio de opiniones sobre la novela de Manuel Vilas.

Abrí el fuego yo al haber sido quien hizo la propuesta del libro. A mí me habría gustado dar a la Tertulia un nuevo estilo que evitase la a menudo espera excesiva para intervenir. Mi propósito quedó a medio camino en parte porque según figuraba en el programa yo pensé que la tertulia sería por la Tarde tras haber concluido toda las visitas y compras y en parte por el tiempo muy ajustado de que dispusimos. Pero bueno no quedó mal la cosa. Expresé en primer lugar el motivo por el que hice la propuesta de "Ordesa": ya la había leído e incluso reseñado [quien quiera ver mi opinión más por extenso puede leer  aquí dicha reseña] y además era una narración de personaje masculino que nos alejaba de los personajes femeninos relacionados sobre todo con otras mujeres (madres, amigas, hermanas...) que tanto habíamos frecuentado en nuestras últimas lecturas. No, aquí, un personaje, Manuel Vilas, hablaba de él y de su relación con sus padres -sobre todo con el personaje de su padre- y con sus hijos. A estas razones de elección añadí dos elementos que me habían agradado muchísimo: La primera, que partiendo de la mera biografía del sujeto protagonista, el autor logra elevar la narración al terreno de la universalidad; y eso a mí me parece meritorio sin ninguna duda. La segunda, ya tiene que ver con el estilo y en especial con esa delicada manera con que Manuel Vilas logra dar a entender informaciones relevantes sobre algunos personajes sin caer en la cruda descripción, tan sólo sugiriendo; a esto contribuye muy mucho esa prosa poética que utiliza para transmitir la historia que nos cuenta.
Tras señalar lo anterior mi intención era la de lanzar unos cuantos temas de debate para sobre ellos construir la Tertulia. Lo logré a medias. Los aspectos que me parecían relevantes en el relato eran dos: el Tiempo y el Amor. Y muy relacionados con ellos estarían la Música, el Humor, la Literatura referencial y la Poesía.

Me gustó que los tertulianos entrasen en desorden a opinar sobre estas cuatro o cinco cuestiones que expuse. Si hubiera habido más tiempo y sosiego quizás el experimento habría resultado exitoso. Pero con todo y con ello yo quedé contento. Durante este constructivo intercambio de opiniones, Mª Jesús estuvo conmigo en la elevación a universal de esa vida familiar que Vilas presenta, aunque a ella le parecía que ese impudor, ese mostrarse ante los demás, era más que nada una concesión a una moda literaria. No hubo mucha opción para detenerse y debatir sobre esto, aunque la mayoría de los contertulios (contertulias, mejor debiera decir) atacaron al hombre porque lo vieron egoísta, mal profesional, mal padre, mal hijo respecto a su madre y adorador de ídolos falsos en sus referencias al padre. En fin, yo vi cómo me iba quedando solo. Afortunadamente Cecilia salió en defensa de la inmensa literatura que hay en esta obra, pero también me pareció ver que venía a decir que el escritor se aprovechaba en exceso de las referencias literarias (Quevedo, el 27, Machado, Dámaso Alonso, Juan Ramón y tantos otros) que germinaban en la novela. Luego ella y muchas otras tertulianas calificaron a Manuel Vilas de engreído y de considerarse por encima del resto. No sé, no sé, a mí me parece que el escritor es un cínico, un irónico y le gusta la provocación y, en parte, levantar respuestas y opiniones como las que en esa escasa hora se pusieron sobre la mesa.
Otra opinión muy generalizada en muchas tertulianas fue que la obra les había resultado muy pesada y muy reiterativa. Pese a estas calificaciones no muy halagadoras para este aragonés todos los tertulianos coincidimos en señalar el magnífico manejo del idioma que tiene el escritor. Pero a mí me quedó la sensación de que en general la obra no había sido muy del gusto de los asistentes: siempre habla de la muerte, no sabemos nada de su mujer, no se sabe ganar a sus hijos, ¿su madre es una mujer estúpida?, acaba uno harto del padre ..., fueron frases muy proferidas en la tertulia.

Prosigue la visita de Orgaz
Y de repente, ¡uy, ya son casi las 16:30. Vámonos! Y así hicimos, marchamos veloces a ver la iglesia de la localidad que había sido restaurada hacía poco tiempo. Una iglesia con hechuras de grande que como tantas cosas en España se quedó en un quiero y no puedo. Una iglesia truncada, abreviada diría yo. En su interior vimos varias esculturas (el Cristo del pie izquierdo, diversas vírgenes, otro cristo de espalda plana para ser  fijado a la pared...) que acababan de haber sido paseadas en procesión durante la Semana Santa. En una capillita perteneciente a la antigua iglesia que la grande absorbió pudimos contemplar un pequeño cuadro del Greco, "El expolio", de los varios que en su taller se debieron de pintar para la confección del mayor que figura en el Museo del Prado. Pero éste -nos dijo la guía orgaceña- era sin duda alguna de Domenico Theotocópuli. Y a la puerta de la iglesia despedimos a la chica que nos había ilustrado sobre la historia y arquitectura de este pueblo que conserva bien su idiosincrasia y tipismo.


¡Ah, se me olvidaba! También en Orgaz visitamos una casa típica, "La Casona", que había recibido múltiples premios  por su fantástica restauración. Allí vimos el estilo árabe de vivir hacia adentro, en el patio al que daban todas las dependencias. ¡Muy bonita la casita en cuestión, sí señor!

En la ermita de la Antigua de Mora. Recital poético
Volvimos a Mora. Aún nos quedaban cosas importantes por hacer. Concretamente faltaba el recitado de poemas que habíamos dejado para cuando visitásemos la ermita de Ntra. Sra. de la Antigua. La ermita en cuestión dista unos siete kilómetros de Mora de Toledo y según nos contó María Jesús los morachos peregrinaban a ella el primer domingo de septiembre. Conserva en su interior algunos cuadros de cierto valor y la imagen que se venera se llama de la Antigua por ser la única que se libró del incendio que destruyó el templo parroquial de Mora durante la Guerra de las Comunidades de Castilla en 1521.

A la entrada de la ermita hay una explanada grande, ancha, magnífica, que nos llamaba a sentarnos en una bancada corrida de piedra junto al muro que delimitaba el espacio abierto. Al abrigo del sol que ya picaba y cómodamente sentados escuchamos a Inma recitar los poemas que había elegido. El primero era del mismísimo Manuel Vilas, concretamente del poemario que publicó el año 2012 titulado "Gran Vilas" y el poema que eligió tenía precisamente ese mismo epígrafe, 'Gran Vilas'. Luego del magnífico recitado de este poema que nos hizo comprender aún mejor si cabe al escritor del que habíamos leído "Ordesa", Inma nos obsequió con otra poesía perteneciente a un autor del que, al menos yo, nada sabía: Roy Galán. El poema se titula 'Hay días cueva y días abismo'. Lo escuchamos en la voz de Inma que, repito, recita muy bien transmitiendo la chispa, el ritmo, el mordiente que el autor ha incorporado al poema. ¡¡Bravo por Inma!!
Ambos poemas esta vez sólo en letra son los que vienen a continuación.
"GRAN VILAS"
Manuel Vilas, poemario "Gran Vilas"

Cómo me gusta el dinero,
cómo me gustaría
ser uno de los hombres
más ricos del planeta.

Me gusta ese momento en que la gente te paga por lo que sea.

Creo que lo que me mataría de verdad es no tener dinero.
Eso mató a mis antepasados: no tener nada.

Me gusta recibir transferencias bancarias.

Pero no me estoy haciendo rico,
sólo me hago viejo.

Se acerca el momento final
Y sigo igual de pobre que siempre,
Igual de pobre que mi padre y el padre de mi padre,
raza negra de negros españoles,
y eso me mete mala y negra sangre en la cabeza.

Muy viejo e igual de pobre que todos los viejos de la tierra.

Mira que era pobre mi padre y mira que yo amaba
esa pobreza, los pobres elegantes españoles
con la frente llena del sol del Mediterráneo.
Mi padre era un Woody Guthrie de las montañas de
Huesca.
Era el mejor, siempre guapo, siempre radiante.
Pero se murió, así fue, se murió.

¿Por qué no soy rico si soy el mejor de los hombres,
si soy un santo,
si soy San Vilas,
muy colega de mis colegas,
un vitalista cordial?

Pagan mal en todas partes. Pagan mal en todo el planeta.
Pronto ya no pagarán nada, y volveremos adonde siempre
estuvo la gente com o yo, allí abajo, quemados,
enloquecidos,
ajusticiados, esclavizados, rotos.

¿Has visto cómo bajan los ríos de la tierra, llenos de cadáveres flotantes,
llenos de moscas que se posan en los labios
de los cadáveres golpeados por la tiranía universal?

No soporto envejecer,
dejar de ser la criatura más resplandeciente de la tierra.

Ser pobre y joven era tolerable

Ser pobre y viejo será un martirio.
Me comeré la pobreza y la vejez con ardiente mala sangre.
Y haré milagros, partiré el mar por la mitad
y me beberé las olas, los peces
y me beberé a todo el alto mando
de la marina de guerra norteamericana

Beberé almirantes, capitanes y delfines.
Beberé ballenas.

También me beberé al alto mando
de la marina mercante de los Estados Unidos.
Me beberé los portaviones de la OTAN.

Necesito cambiar de sangre,
de órganos,
de vísceras,
de cuerpo,
pero no de alma.

Mi alma estará bien siempre

“Hay días cueva y días abismo”
Roy Galán.

Hay días cueva y días abismo.

Hay días que pasan sin más, en los que el invierno te pilla aún con la sal en la espalda y días que tardan más de mil días en llegar.

Hay días mudos y días ruido.

Hay días gota que contienen la memoria de los días lluvia.

Hay días en los que otros rompen contigo y días a los que tú les pegas un puntapié acostándote antes de que anochezca.

Hay días clave y días arpegios y días en los que una canción te salva, de nuevo.

Hay días esclavos de celdas de excel y días libres de vuelos sin cobertura.

Hay días en que dormiste por primera vez con un extraño y días en los que te despertaste al lado de uno al que creías conocer.

Hay días en los que te rompieron la nariz de un puñetazo y días en los que dijiste nunca más.

Hay días en los que te traicionaste a más no poder y días en los que le gritaste a una silla a la que le reprochaste que no te hubiera abrazado lo suficiente.

Hay días que son isla y días que son marca antes de taladrar.

Hay días en los que te comes una y cuentas veinte y días casita en los que te gustaría no tener que tirar de nuevo el dado.

Hay días y díazos y el día que me quieras y vendrán días, han de venir, y los días raros que bailan como un lazo en un ventilador.

Hay días en los que querrás no haber nacido y días en los que sentirás que tus poros atraviesan firmamentos.

Hay días en los que enterraste a tu perro y días en que viste por primera vez una palmera.

Hay días en que fuimos juntos, días en que todavía eras tú solo y días en los que tan solo fui yo a medias.

Hay días en los que estaban todos y días en los que fue imposible que lo estuvieran.

Hay días máscara y días en los que la cara te tiembla.

Hay días trampa para la mente, para sentir que has hecho algo, que hemos estado, que seguimos siendo, aquí.

Hay días en los que el deshielo de los polos casi inunda los pies de tu cama.

Días en los que otros, simplemente, dejaron de latir.

Hay días sin ti y días después de ti.

Y sin embargo, aquí seguimos.

Días vivos.

Nos quedan tantos días, o tal vez solo uno.

Por si hoy fuera mi último día.

Gracias.

Y perdón.

Luego, ya metidos en faena poética, Cecilia no pudo contenerse y leyó el poema "Insomnio" del poemario "Hijos de la ira" que escribiera Dámaso Alonso en 1944 y que muchos habíamos visto sobrevolar no pocas veces por los versículos de algunas secuencias del texto de la novela "Ordesa".
También Mercedes, creo (ahora dudo si fue la misma Cecilia quien hizo el recitado del poema juanramoniano),  hizo lo propio con "Primavera amarilla" de Juan Ramón Jiménez. La letra de ambos textos es la siguiente:

“Insomnio”

de Dámaso Alonso

Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,
y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.
Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.
Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.
Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
“Primavera amarilla”

de Juan Ramón Jiménez

Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.

El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos,
abría Dios sus manos amarillas.

Poemas Májicos y Dolientes (1909)

Por último, a petición de Inma, yo leí el poema "The end" que cierra el libro "Gran Vilas" de Manuel Vilas. En ese poema el escritor autoficcionaliza su propia muerte. Es en el fondo el final opuesto al de "Ordesa" que se cierra con una secuencia en la que el autor autoficcionaliza su propia gestación en Barbastro durante un caluroso día de principios de noviembre de 1961 cuando sus padres por amor se pusieron a ello. ¡Qué enorme es este Manuel Vilas!

THE END

Era noviembre del año 2051
Y el escritor Manuel Vilas agonizaba
En una habitación del hospital
La Paz de Madrid.

Tenía 89 años

Sus hijos y sus amigos estaban con él en la habitación.
Hijos y amigos sostenían las manos de Vilas.
Manos que no recordaban haber cogido el mundo.
Vias estaba lúcido.
Se moría de viejo,
Pero hablaba.

Veo una fiesta, veo gente bailando –dijo-,
Una gran fiesta tropical.
Yo tengo 19 años y no 89.
La gente se baña en el mar.
Vuelvo a ser joven y estoy enamorado.
Soy un ángel perfecto.
Soy inmortal.
Vuelvo a sentir el futuro como una puñalada
De alegría en el corazón.

Vilas expiró en ese momento,
Lleno de besos, de abrazos fuertes
Y de emocionados apretones de manos.

La tierra tembló y se abrieron los palacios celestiales.

Vilas estaba muerto.

Pensé que acabaría pegándome un tiro
O saltando por la ventana, pero he acabado como todos.

Habían estado besando a un muerto hediondo,
Pero no les importaba eso,
Eran los hijos y los amigos de Vilas.
Amaban a Vilas y Vilas les amaba.

En efecto, el médico de planta confirmó el fallecimiento.
Había algunos periodistas y algunos personajes imprecisos.

Mira que fui feliz, pero aún podía haberlo sido más
Y eso me está matando mucho más que esta muerte real.
Un fantasma más enamorado que el hombre
Muy enamorado que lo inspiró.’ 

Vilas parecía una momia.
Daba bastante asco.
Un cuerpo replegado sobre cuatro huesos.
Una boca aplastada.
Unos ojos gastados hasta lo indecible.
La frente era una arruga escandalosa.
Las manos eran pura podredumbre,
Los dedos no tenían forma,
Falanges vivas, en ingrávido retorcimiento.

Esto fue el Gran Vilas, finalmente.
El hombre más bondadoso de la tierra, finalmente.
El hombre más enamorado de la historia, finalmente.
Su paso por el mundo estaba consumado.

Gran Vilas, ¿regresarás?
Los grandes vuelven.
Pero para qué volver.

Seguid besándolo, los besos son nuestras rosas.


La  próxima tertulia
Tras el fervor poético vino la vuelta a aqueste bajo mundo. Vamos, quiero decir, que nos quedaba aún por comprar aceite, queso y dulces. Y así hicimos. Cerca del hermoso ayuntamiento de Mora entramos en una tienda de ultramarinos (no encuentro mejor palabra para denominarla) donde había todo aquello que íbamos buscando. Las enseñanzas de Jonathan se pusieron a prueba a la hora de elegir los aceites: que si de arbequina o picual, que si de mezcla de ambas, que si de la cooperativa, que si oliva virgen o virgen extra, que si de la Moncloa, que si... ¡Qué sé yo la cantidad de "quesíes" que sopesamos para comprar aceite! Bueno, la cosa fue que en poco tiempo finalizamos las compras y todo contentos marchamos a la plaza a sentarnos en una terraza para descansar, tomar un refrigerio y decidir título, día, fecha y hora de nuestro próximo encuentro

Leeremos "La uruguaya" de Pedro Mairal. Nos veremos el próximo 17 de mayo a las 19:00 horas en el kiosko "La Perla", en Rosales.

Espero no haberos cansado mucho. ¡Hasta la próxima!

jueves, 22 de marzo de 2018

Hablamos sobre "El tren de la última noche" de Dacia Maraini

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La crónica que sigue es, necesariamente, una crónica incompleta pues llegué al "Madrid Business & Bar" en O'Donell, 4 cuando ya había transcurrido al menos media hora de la misma. ¿Qué es, entonces, de lo que no fui testigo? Pues, imagino, que de los últimos detalles y pormenores de nuestra próxima salida, la que haremos el 17 de abril por tierras de la Mancha, concretamente a Mora y Orgaz. Desde aquí emplazo a las organizadoras, Mercedes y Mª Jesús, para que envíen un email a todos y cada uno en el que con claridad se vean todos los extremos de ese día: hora de salida, coches y ocupación de los mismos, programa a realizar y todo aquello que entiendan sea interesante conocer. 


La Tertulia sobre la novela de Dacia Maraini
A las 19:30, cuando Mary Luz y yo llegamos al sótano del local de O'Donell, 4 que, además de tertulias como la nuestra, alberga otro tipo de reuniones, alguna con cierto halo misterioso (una persona se acercó a la mesa donde escuchábamos con atención al tertuliano de turno para preguntarnos si era allí la reunión sobre las criptomonedas [¡¡glups!!]). Pero bueno no quiero desviarme.

Decía que a las 19:30 estaba en el uso de la palabra, en nuestra inocente mesa literaria,  Marga, la proponente de "El tren de la última noche". Por lo que alcancé a escucharle saqué en claro que el relato le había gustado mucho si bien había partes como la muy extensa dedicada al levantamiento de Budapest de 1956 que le habían resultado pesadas.

MªJesús, a lo dicho por Marga, puntualizó que la novela le había parecido más una crónica que otra cosa. La escritora quería hablar de un momento histórico y para ello crea unos personajes y los coloca ahí, personajes que por ello parecen no tener alma y ser una mera disculpa para que la Crónica discurra.

Seguíamos un cierto orden en nuestras intervenciones como habitualmente solemos hacer, así que por turno fue Cecilia quien tras Mª Jesús tomó la palabra para expresar su plena satisfacción con el producto leído. En especial le había gustado la técnica empleada y sobre todo esa mezcla de géneros literarios; aquí se detuvo en las cartas que Emanuele le envía a Amara desde Viena en las que -según las propias palabras de Cecilia- se marcaba la 'cronología del horror' siempre in crescendo hasta 1943 en que el niño enmudece.

Guida, que había escuchado con atención las intervenciones precedentes, matizó la dureza contenida en la historia que todos habían manifestado diciendo que había mucha más en otros relatos que tocaban este asunto de los campos de exterminio nazis. Y apuntó como ejemplo "Las benévolas" (2007), título del escritor norteamericano nacionalizado francés y residente en Barcelona, Jonathan Littell (Nueva York, 1967). Siguió diciendo que aunque la novela le había satisfecho, sin embargo hubo momentos en que le pareció algo inverosímil: ¿Es posible que Amara no reconociese en Peter Orenstein a su amor de niña Emanuele Orenstein?, apuntó.

Mercedes dijo que había quedado extasiada con el bello lenguaje utilizado en la novela; un lenguaje que le hizo recordar a nuestro Juan Ramón. Para ilustrarlo leyó algunos fragmentos especialmente poéticos. Cecilia la instó a que leyese el poema de Eugenio Montale que previamente ella nos había hecho llegar por WhatsApp. En el relato son sólo dos versos los citados por Emanuele en una de las cartas dirigidas a Amara. Mercedes leyó el poema completo que, pese a su belleza, y dada su extensión, se hizo algo pesado. En cuanto al asunto novelesco escrito por la autora italiana -siguió diciendo Mercedes- poco o nada nuevo había en él. Como crítica manifestó que la resolución del relato, con ese final rápido, le pareció chocante y sorprendente, pero no para bien.

Maru también expresó su satisfacción con la historia leída, una historia que le había resultado bastante dura. Del personaje central, Amara, dijo que le pareció un ser algo ficticio, falso, poco creíble.

Ana, Mamen y Mª Luz, cada una en su turno, abundaron en la idea de lo poco que añade la historia de horror contada a lo ya sabido por todos. En este sentido, dijeron las tres, que el asunto no les había parecido interesante considerando además que la historia hacía aguas por muchas partes al existir ciertamente elementos muy inverosímiles: la alegría con que Amara se desplaza por una Europa en plena reconstrucción y plena guerra fría, unas relaciones entre personajes que quedan poco claras (Tadeusz, padre de Hans, y Ferenç, el pintor; Amintore y Stefania, padres de Amara; el bibliotecario de Viena Horvath; y otros).

En mi turno llamé la atención sobre la constante narración en presente que se había autoimpuesto la autora. Por ello la inclusión de esas cartas que Amara lee y relee constantemente, para así hacer que sea el mismo Emanuele quien relata ese camino hacia el horror de la vida primero en Viena y luego en el gueto de Lodz; por ello el dejar para el final la narración de los sufrimientos y penurias soportadas por este personaje a fin de que sea él mismo, once o doce años después de haberlos recibido, quien los contase; por ello el desplazamiento hasta Budapest que no añade nada al asunto Amara-Emanuele y que sólo se justifica porque la autora quiere contar en primera persona a través de personajes testigo los sucesos de Hungría de 1956. Al respecto y como ilustración de lo dicho leí un texto para mí muy clarificador. Ese texto, resulta que también lo había leído Guida en su turno (¡perdón, Guida!) y yo lo había olvidado. Es lo que tiene esperar pacientemente a que te llegue el turno de participación en la tertulia. De nuevo, pues, pido disculpas.
También me referí, como aquello que más me había agradado de esta novela, a la tremenda cultura que Dacia Maraini esparce por la obra en forma de referencias culturalistas de todo orden (musicales, literarias, pictóricas...). Especialmente me fijé en las literarias que van desde la Eneida de Virgilio con ese Hans que lleva sobre sus hombros a su padre muerto como Eneas hiciera con su padre Anquises, pasando por el "Infierno" de Dante, los "Pensamientos" de Pascal, el "Wherter" de Goethe, los personajes de "El idiota" de Dostoievsky, la Viena de "El tercer hombre" de Graham Greene, los poemas del italiano Montale, del turco Nazim Hikmet, del húngaro Gyulia Illyés...; sin olvidar, naturalmente, la novela "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad, crónica del horror más terrible y novela a la que, en mi opinión, Maraini emula aquí; y tantas y tantas otras referencias literarias. Son referencias en mi opinión nada sencillas de insertar bien en el relato. Maraini lo consigue con su bello estilo al convertir los textos, personajes y pasajes literarios citados en parte de la narración al quedar transformados en elementos reales o referenciales dentro de las innumerables metáforas e imágenes que llenan su novela.

Juan Dionisio, en su turno, señaló la dureza de la historia. Habló de la gran cantidad de alusiones musicales cultas y populares que aparecen en el texto y especialmente comentó lo mucho que había llamado su atención esa confesión de amor y fe ciega propia del enamoramiento que la dueña de la pensión vienesa en la que se aloja Amara manifiesta al hablar de por qué la población había seguido y bebido el pensamiento nazi como verdades plenas sin percibir todas las barbaridades que hacían y que decían sobre los judíos. 'Era Amor', dice este personaje, 'lo que nos atraía hacia ellos'. A este respecto todos le vinimos a decir a Juan Dionisio que ahí radica el éxito de todos los nacionalismos, en el sentimiento de fe ciega propio del enamoramiento que nubla la razón y que sólo nos deja considerar las cualidades de la persona amada sin ver ningún defecto en ella. Pusimos como ejemplos  muy cercanos el de los nacionalismos periféricos que tenemos en España. ¡Ceguera total!

Inma, a quien le llegó la vez cuando ya había transcurrido más de una hora de comenzada la reunión, apenas si pudo añadir nada nuevo porque, como bien dijo, prácticamente todo había sido ya dicho. En un momento anterior, cuando Mercedes habló de esa demora en contar lo sucedido a Emanuele en los campos y de cómo la contraportada de la novela hablaba de sorpresa final, ella había comentado que jamás leía las sinopsis que venían en los libros hasta haberlos leído por sí misma; de esa manera evitaba verse influida. Pero sobre este asunto suscitado por Mercedes introdujo durante su intervención un dato más. Según Inma sí se van dando informaciones sobre lo que podría estar pasando con Emanuele en los campos a través de otros personajes como el de su tío pintor y la esposa de éste que compartieron cautiverio con él y evitan decir nada sobre su comportamiento.

Y acabo. En esta ocasión, la Crónica ha salido algo extensa porque he querido reflejar con cierta fidelidad el proceso que solemos seguir en las mismas. Es un proceso ordenado, pero que quizás resta espontaneidad al intercambio de ideas y comentarios entre unos y otros. Desde aquí, propongo dotar de más dinamismo a las reuniones para que todos podamos intervenir cambiando la dinámica de las mismas. Como no es caso de extender más ya esta crónica, creo que estaría bien abrir un período de reflexión sobre el proceso para intentar mejorarlo (como se decía en nuestra ya lejana etapa profesional propongo que vayamos pensando, ¡tachán!, en "propuestas de mejora". ¿Os acordáis de esta expresión? Seguro que sí). Bueno, ahí lo dejo.

La hora de la Poesía
Cerca de las nueve de la noche Ana, que era quien en esta reunión aportaba poemas, nos habló de los dos autores de quienes nos iba a leer sendas composiciones. Se trataba de un lejano familiar suyo, José Antonio González-Haba Guisado, primo segundo, con quien apenas relación          -mejor  ninguna- había tenido pues a pesar de los apellidos las vicisitudes de la vida había separado mucho geográficamente  a estos familiares lejanos de manera que casi ningún contacto había existido con ellos. Pero bueno, este chico, fallecido en 2009 a los 71 años, coincidió en Barcelona durante sus años de estudios universitarios con Joan Margarit con quien hizo buena y sana amistad en el colegio mayor donde ambos residían. Tal debió de ser la amistad entre ambos que Margarit a la muerte de González-Haba Guisado instó a la editorial granadina Valparaíso de Poesía a publicar los poemas que José Antonio había ido escribiendo a lo largo de toda su vida y que habían permanecido inéditos. El libro se titula "Puente de hierro" y apareció en septiembre de 2016 con prólogo del arquitecto y poeta catalán que lo había propiciado.

Dos poemas, pues, son los que Ana nos ofreció. Dos poemas relacionados entre sí por la biografía de los autores y porque el de Joan Margarit lleva el enigmático título de "J. A. G. H.". Los lectores de Margarit siempre quisieron conocer el misterio escondido tras estas iniciales. Ana nos lo descubrió a nosotros el martes pasado; y por si la biografía y amistad de ambos fuera poca cosa ha querido descubrirnos también al poeta que existía tras ese nombre que cantó el poeta catalán. A mí los poemas de ambos me gustaron mucho. Os los presento en letra y audio (la voz es mía. Disculpad los fallos que pudiera haber)

J. A. G. H.
(Joan Margarit)

Te imagino bebiendo el vino áspero
del bar de ese poblacho desde el que me [escribiste
tu última carta. Digo muy despacio:
Hice una inmensa finta y viví veinte años.
Es el único verso tuyo
que puedo recordar de tantas noches
en el Café de la Ópera.
Siempre pensé que, de los dos, serías tú el [poeta,
Un seco Baudelaire de Extremadura.
Amigo, extraviado desde hace tanto[tiempo,
una voz al teléfono que a veces
surgía de las viejas esperanzas.
De pronto sé que somos uno solo
Y que has detenido aquella noria
Del poema funesto que no acababas nunca.
Aquella amiga suicida.
(José Antonio González-Haba)

Estás en la amplitud de la ventana
que cálida y pacífica me mira,
observando aún el cotidiano
desenvolvimiento de la estancia:
las viejas sillas, la cama sobre el suelo,
el nuevo libro, la revolución
que amaste y prosiguen las canciones.
Estás en el fondo de aquel espejo
como en un pozo muy profundo
esperando que asomen otros rostros.
En la percha, donde demenciales
a veces aparecen tus vestidos.
En el armario que te quiso tanto.
Estás vagando, tenue, por la casa:
cada crepúsculo una sombra cruza
hacia el lavabo donde te peinabas
y sonaban puertas, grifos, pájaros.
Estás en el retrato de Van Gogh
que salvaje contempla las paredes.
En las sucias cazuelas y sartenes.
Estás bellísima en el tragaluz
que en la cocina canta el esplendor
de viejas cenas a la media noche.
No sé. Pero en algún lugar estás.
Vagas sonriente por todas las buhardillas.
Tú, que sin decir nada a los vencejos
decidiste un día cambiar de abismos
y me dejaste a solas con las puertas.
Solitario,
desde la más alta terraza,
he de encaramarme una noche a las [estrellas
y saber de la sonrisa
con que, para siempre,
desde algún lugar me miras.

La próxima lectura
Aquí también se lanzaron ideas sobre cómo realizar la elección de los títulos. Es un asunto también a reconsiderar. Mamen, en concreto, planteó -y yo la secundé- un sistema que propiciase el que todos pudiesen efectivamente hacer propuestas. Consistiría el procedimiento -creo haberlo entendido así- en que en cada reunión fuesen tres personas (siempre que quisiesen, naturalmente) las que propusiesen lectura para sobre ellas a continuación elegir en votación la que haríamos. Como todo es un sistema  posible. En fin, ya lo veremos y seguiremos perfeccionando.

En esta ocasión tres títulos fueron los propuestos: "La familia Karnowsky" de Israel Singer (proponente, Cecilia), "Ordesa" de Manuel Vilas (proponente, Juan Carlos),  y "Una infancia feliz en una España feroz" de Jorge Martínez Reverte (proponente, Mamen).

De los tres títulos, una vez realizada la votación, salió elegida la novela de Manuel Vilas. Es una novela que ha sido muy bien recibida y que, según algunos vaticinios, podría alzarse con ese título de mejor libro del año en curso. ¿Sí? ¿No? Bueno, el día 17 de abril durante la tertulia que haremos en tierras manchegas daremos nuestra opinión al respecto.


Despedida y Cierre
Y esto fue todo, que como veis no fue poco. Quedamos, pues, emplazados a la salida del próximo día 17 según el programa que nos remitan las organizadoras. Hasta entonces, pasadlo bien.

miércoles, 28 de febrero de 2018

La tertulia sobre "Apegos feroces" de Vivian Gornick

2 comentarios:
Tal y como habíamos acordado en la tertulia de enero acudimos con puntualidad soviética el lunes pasado (26/II/2018) a la hora concertada al lugar -nos gustó mucho en esta ocasión- que Teresa y Mercedes se habían preocupado de elegir y reservar. Nos agradó tanto el establecimiento "Madrid Business & Bar" situado en la calle O'Donell, 4 que, como más adelante diré, decidimos optar por él para al menos la próxima reunión.

Pero vamos a lo que vamos. Doce fuimos los tertulianos que nos acercamos al lugar. Mientras esperábamos a que llegasen todos, Mercedes y Maru hablaron sobre los viajes que en enero se pusieron sobre la mesa. El de Mercedes en colaboración con Mª Jesús tiene como destino Mora y Orgaz; el de Maru, Ocaña. El primero que realizaríamos sería el de Mora dejando el de Ocaña para más adelante. Se comentó la necesidad de establecer ya una fecha para el primero a fin de que Mª Jesús pudiese concertar la visita al castillo de Orgaz, que tiene su intríngulis. En votación se eligió el 17 de abril dejándose para más adelante la concreción de la logística del desplazamiento. No obstante Mª Jesús previamente a esta reunión nos envió un WhatsApp con un programa al que en principio nadie puso ninguna objeción. Los coches necesarios, según veo hoy, deben de ser como mínimo dos aunque en tres iríamos más holgados. Creo que la tertulia de marzo sería el momento definitivo de conocer los nombres de sus propietarios porque lanzarse ahora a ofrecerse me parece algo prematuro más que nada por los imponderables que por nuestras particulares condiciones familiares y tal nos surgen con frecuencia. Con todo ya a través del WhatsApp he visto dos ofertas.

La tertulia sobre el libro
Al haber sido Cecilia la proponente de este título, a ella correspondió abrir el debate. Centró su intervención en la figura de la madre, quien -dijo- es la verdadera protagonista del relato. Una mujer que anula la personalidad de la narradora, la cual es una mujer débil. Por contra la madre es una persona mala, cargada de odio, que todo lo controla. Frente a esta mujer dura está otra, la vecina Nettie, en quien Vivian la autora y narradora, encuentra refugio y afecto. Cecilia lanzó la posibilidad de cierto lesbianismo entre ambas. Muchos tertulianos no lo veíamos así porque una cosa son las dudas durante la adolescencia y otra muy distinta la definitiva orientación sexual.

Margarita dijo que a ella de este libro sobre todo le había interesado la presentación de la vida en el Bronx de Nueva York. Este mostrar una barriada neoyorquina con su variedad de habitantes judíos, irlandeses, italianos y así era lo que más le había llamado la atención y le había hecho recordar otros títulos leídos en esta tertulia como fue por ejemplo uno de Paul Auster. Allí nombramos el titulado "Brooklyn Follies" aunque el que en la lejanísima fecha del mes de abril del ¡año 2011!  leímos fue el titulado "Sunset Park" del mismo autor (comprobar aquí). Por esas fechas lejanas este cronista era trabajador por cuenta ajena y al estar atado al duro banco de la obligación laboral no hacía resúmenes de las Tertulias como de un tiempo a esta parte. 

Mientras en nuestra memoria buscábamos el título de Paul Auster el debate se animó y se rompió en parte el orden de intervención. Y el culpable -¡perdón, perdón..., peeerddóónn!- fui yo que al no poderme contener y en riesgo de olvidarme de lo que quería decir me lancé y expuse mi idea de que la protagonista auténtica de esta no-novela era la escritora, o sea, la narradora, y que su madre era un personaje en el que ella se ve reflejada como se percibe hacia el final cuando tras su tercer fracaso en sus relaciones con los hombres, en este caso con Joe al que en este momento viene a pedirle más dedicación a ella y observar que las cosas están como siempre, cae en la cuenta de que quizás su madre haya tenido razón cuando a lo largo de su vida le decía que en la relación hombre-mujer debía de existir el Amor. 

Ana en su turno abundó en la idea anterior y muchos otros tertulianos (Guida, MLuz, Carmen, Mercedes, Maru...) a quienes el libro les había gustado mucho vinieron a decir que madre e hija parecían dos mujeres muy distintas, aunque quizás no lo fueran tanto. Ambas se necesitan mutuamente, son una familia, y los integrantes de una familia no se escogen sino que se suelen sobrellevar porque existen ataduras fieras imposibles de quebrar (el título en inglés dice así: "Fierce Atachements. A memoir" que quizás refiere mejor que el término español de 'apegos' la unión, las ataduras feroces que en el seno de cualquier familia se dan). Las familias son así, y las madres con sus hijos son así, y las hijas respecto de sus madres opinan así..., y así son las cosas. Y por eso estas dos mujeres pasean por Nueva York y recuerdan sus vidas pasadas en un desorden que es el propio de la memoria, género literario al que pertenece este libro que no se puede leer como una novela porque no lo es. Son retazos sueltos de la memoria que se quedan ahí, que no presentan evolución, no hay una narración que avance hacia un desenlace. Estas dos mujeres a pesar del enfado final hoy seguro  -si es que vivieran ambas- que siguen paseando juntas.

Juan Dionisio y Mercedes comentaron que durante la lectura la imagen de las Corralas madrileñas en las que se vivía hacia afuera de la vivienda se les presentaba en su imaginación. La verdad es que casi todos tenemos presente en nuestra memoria esa relación de vecindad que antes en barrios y edificios existía (Inma contó sus recuerdos infantiles de cuando escuchaba siendo muy pequeña ella al resto de mujeres de los bloques zamoranos donde vivía. Como niña que era no entendía nada, pero la sensación que sentía era mágica, maravillosa), algo que hoy ha desaparecido completamente. De ahí, y sobre todo en USA, que estas Memorias sean leídas como algo exótico, algo perteneciente a un mundo desaparecido. 

Carmen y otros muchos fueron espigando algunas de las anécdotas que les habían sorprendido por lo que fuera durante la lectura resultando de ese intercambio de aportaciones y opiniones una tertulia de lo más animada.

Aunque las opiniones lo fueron sobre todo referidas a las relaciones interpersonales de los personajes también hubo quienes prestaron debida atención a lo formal. En especial Mercedes apuntó al uso en ocasiones de un narrador en segunda persona que quita el sitio al habitual en 1ª. El estilo indirecto libre también asoma en algunos momentos. Y también sin continuidad, sino como ramalazos o ráfagas aparece un hermoso lenguaje (MLuz, Maru y otros) que hace que la lectura se eleve literariamente. 
A este respecto del lenguaje varios intervinientes (Cecilia, Inma y otros) dijeron que la traducción no era buena porque dejaba a veces frases con el sentido sin concluir, incompleto. Bueno, sí, claro, es posible, pero para comprobarlo debidamente se necesitaría el original y comparar con la versión española.

En conclusión, esta obra de Vivian Gornick gustó a la mayoría (verdaderamente tan sólo Teresa manifestó que la misma no le había interesado ni un 'attimo' [en italiano lo digo porque las Tena se nos van de viaje a Italia]. Y además y es lo principal, "Apegos feroces" dio un magnífico juego en el debate. Muy satisfechos todos por ello.

La próxima lectura. Título, Lugar, Fecha y Hora
Elegimos una novela que en otra reunión había propuesto y proporcionado Margarita. Se trata de "El tren de la última noche" de la italiana Dacia Maraini. Una novela que su autora publicó en 2008 que de seguro nos va a interesar.

El lugar elegido para vernos y debatir será el mismo de este mes: "Madrid Business & Bar" situado en la calle O'Donell, 4.

La fecha, el martes 20 de marzo. Y la hora, las 19:00

Lectura poética
Por turno le correspondería a Ana -si es que Mª Jesús desistiese de hacerlo- seleccionar y leer el poema elegido ante la asamblea de tertulianos el día 20 de marzo en que comentaremos la lectura del mes.

A este respecto, las lecturas poéticas, Juan Dionisio suscitó un animado intercambio de opiniones sobre el desarrollo de estas lecturas. Dijo que con sólo una audición del poema, la que el encargado de hacerla realiza, apenas si él podía penetrar en el meollo de la pieza escuchada. Eso le desasosegaba mucho, más aún si la lectura se interrumpía  por el ruido ambiente o para avanzar posibles interpretaciones y tal, y por eso -dijo- ponía sobre la mesa el asunto.

Se debatió sobre el tema. La conclusión que yo vine a sacar fue la siguiente: 
  1. Es bueno que se siga manteniendo la elección y lectura porque nos da a conocer autores que si no difícilmente alcanzaríamos a saber de ellos o de sus obras.
  2. Sería bueno que los tertulianos tuviésemos ante nosotros en el momento de la lectura el texto completo del mismo (en papel, en el WhatsApp, o por el procedimiento que fuera)
  3. Dada la complejidad inherente a la Poesía, el silencio es obligado y el momento que se elija para realizar la lectura debe de ser el idóneo. Quizás el final de la reunión, ya cansados e iniciando la marcha, no sea el instante adecuado.
La lectura de Cecilia
En esta ocasión Cecilia trajo un poema de la jovencísima poeta segoviana Elvira Sastre, una mujer que en el ámbito poético con tan sólo 26 años ya se ha hecho un hueco y que ha publicado tres poemarios: «Cuarenta y tres maneras de soltarse el pelo», en diciembre del 2013, con prólogo de Benjamín Prado; en mayo de 2014 ediciones Valparaíso le publica su segundo poemario titulado "Baluarte"; y hace nada, en 2017, también la editorial Vaparaíso le acaba de publicar su tercer libro de poemas, "Ya nadie baila".
Los tres trabajos citados vienen a sumarse a traducciones (Elvira Sastre es traductora de profesión) al inglés de temas de Vetusta Morla, y al español el poemario «Los hijos de Bob Dylan», del autor norte-americano Gordon E. McNeer.
Es, pues, una magnífica aportación la que nos ha traído Cecilia. Poesía española actual y de calidad de una joven mujer, ¡natural de Segovia como ella! ¡Ay, madre, cómo son las segovianas!




QUIERO HACER CONTIGO TODO LO QUE LA POESÍA AÚN NO HA ESCRITO
(Elvira Sastre)



Cualquiera diría al verte
que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.

Te veo venir por el pasillo
como quien camina dos centímetros por encima del aire
pensando que nadie le ve.
Entras en mi casa
—en mi vida—
con las cartas y el ombligo boca arriba,
con los brazos abiertos
como si esta noche
me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,
con las manos tan llenas de tanto
que me haces sentir que es el mundo el que me toca
y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas
y lo primero que haces es avisarme:
No llevo ropa interior
pero a mi piel le viste una armadura.
Te miro
y te contesto:
Me gustan tanto los hoy
como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío
y te beso la espalda
y te empaño los párpados
y tu escudo termina donde terminan las protecciones:
arrugado en el cubo de la basura.
Y tú sonríes
y descubres el hormigueo de mi espalda
y me dices que una vida sin valentía
es un infinito camino de vuelta,
y mi miedo se quita las bragas
y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso
uno a uno
todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas
media vuelta al mundo
para que aunque tardemos
queramos volver;
entras y sales siendo cualquiera
pero por dentro eres la única;
te gusta mi libertad
y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;
me gusta tu verdad
y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene;
gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca
y una boca que me mira mejor que tus ojos;
guardas un despertar que alumbra las paredes
antes que la propia luz del sol;
posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,
sin esperarlo ha pasado.
No te has ido y ya te echo de menos,
te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más,
cruzas la puerta
y ya me relamo los dedos para guardarte,
paseo por Madrid
y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción
entonces ven a contarme el amor,
que quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito.